Se me quedó grabado en la memoria el comentario que hizo el cineasta alicantino Miguel Albaladejo en una entrevista a propósito del estreno de su estupenda El cielo abierto hace ya unos cuantos años: “Yo empecé a amar el cine con las películas de Bud Spencer y Terence Hill y las de kung-fu“. Toda una declaración de intenciones repleta de sinceridad. Y es que cualquier cinéfilo o cinéfago acusa de por vida esa nostalgia por, no sólo los descubrimientos de joyas cinematográficas y la primera vez que se visualizan, sino más bien aquellas tardes o madrugones frente a la pantalla, sea el cine de barrio, la TV en blanco y negro o el reproductor Betamax de inicios de los 80 (eso según la generación cinéfila a la que uno pertenezca) haciéndose ciclos personales (como si fueran programas dobles de los de antaño) según lo que había alquilado sus padres ese fin de semana en el videoclub de su zona.
Mi experiencia ante esos ciclos finesemanales tan anárquicos frente al Beta y después el VHS estaban “patrocinados” por los alquileres (todos los viernes por la tarde), por parte de mi padre, en uno de tantos videoclubes ochenteros repletos de joyas por descubrir, bazofia que tragar por los ojos y la mente e imperfectas dosis de cinefilia familiar que ha sido cultivada y rescatada a través de añoranza proustiana. Al igual que el protagonista de la magna obra literaria que resulta ser la heptalogía de novelas bajo el paragüas de En busca del tiempo perdido, cuando tras humedecer la magdalena en la leche le viene una retahila de recuerdos de su infancia; el que esto suscribe sería capaz de almacenar una cantidad tal de evocaciones al palpar, oler y visualizar cualquier estuche con su carátula de ese cine alquilado y revisionado hasta la saciedad que no tengo más que inaugurar una sección en C al Cuadrado donde poder dar rienda suelta a tal síntoma de evocaciones melancólicas.
Así que preparen la merienda de nocilla y Tang, los desayunos de sábado y domingo con chocolate, e imaginen que el videoclub ochentero todavía sigue en pie, con mismas novedades, mismo catálogo, mismas carátulas y pongan su reproductor tras asegurarse que los cabezales están bien limpios. Estos son los alquileres de este fin de semana…
El hotel de los fantasmas
Película de 1988 y dirigida por el irlandés Neil Jordan. Tenía en su notable reparto: Sir Peter O’Toole (o Lawrence de Arabia interpretando el rol de viejo dueño de un hotel-castillo de la campiña irlandesa endeudado y elaborando artimañas para que el castillo vuelva a recibir clientes aunque sea a costa de inventar fantasmas) ; Steve Guttenberg (Mahoney en Loca Academia de Policia); Liam Neeson (cinco años antes de llegar a la cima con La Lista de Schindler, aquí hace de fantasma con ínfulas de amor fou); Daryl Hannah (cuatro años después de 1,2,3… Splash, haciendo de fantasma enclaustrada en el castillo por amor), o unas jovencitas Beverly D’Angelo y Jennifer Tilly, su mayor atractivo. Divertida a ratos y menos encantadora y entusiasta que su atractiva carátula de la época, tiene al menos, lúcidos y buenos efectos visuales.
El mundo maravilloso de Mickey
La carátula estándard por antonomasia para toda una generación de niños nacidos en los ochenta. La carátula blanca de Filmayer Video y Walt Disney Home Video con Mickey ‘Aprendiz de brujo‘ Mouse como sello personal y que hoy en día, en Ebay, se puja fuerte por toda o parte de la colección de estas producciones (de animación, de actores o mezcladas) con dicha carátula como signo de distinción. En este caso, alquilamos una serie de cortos con Mickey Mouse como protagonista y con Donald, Goofy o Pluto de consortes. Actualmente dichos cortos están editados en varios DVDs imprescindibles para todo amante de la buena y clásica animación tradicional con esa mágica paleta de colores de la Disney. El corto de dónde se ha sacado la imagen de la frontal de la carátula es el genial “Fantasmas solitarios” (1937), donde Mickey y cía hacían de temerarios y temerosos cazafantasmas (con una sorprendente utilización de la transparencia en la recreación pictórica de los guasones fantasmas). También podemos observar en una de las imágenes de la trasera, un fotograma del corto de 1935 “La brigada de bomberos de Mickey“.
El secreto de Joey
Producción alemana de 1985 y segunda película de Roland Emmerich (antes de que viajara a EE.UU. y se quedara en Hollywood realizando blockbusters en el amplio sentido del término: Soldado Universal, Independence Day, Godzilla, El patriota, El día de mañana, 2012,…). En aquella época estaban en plena ebullición todas las producciones spielbergianas y de la factoria Lucas, y Emmerich parece querer hacer con El secreto de Joey una réplica de ese tipo de cine comercial ochentero estadounidense a través de mezcolanza de E.T., relato juvenil de Stephen King, efectos visuales LucasFilm y metiendo en cada escena merchandising de Star Wars (ese R2D2 que acompaña al protagonista y que cualquier niño de la época hubiese matado por tener en su cuarto) o de producciones del Rey Midas de Hollywood. La historia: niño que pierde a su padre y que mediante un teléfono de juguete parece poder comunicarse con el fallecido… Historia fantástica enrevesada, donde aparece un muñeco inquietante que no deja de perturbar la mente del pequeño Joey. Vista hoy puede perder su gracia de antaño pero es sorprendente el modo en que Emmerich calca cualquier matiz de ese tipo de producciones hollywoodienses hasta el extremo que parece mentira que sea alemana.
¡Recuerde devolver las películas el lunes! Y por favor, sea amable y rebobine las cintas.




Jajajaja! Me encanta la iniciativa! Sólo te ha faltado un enlace de esos buenos =P