Terranova, Spielberg se tropieza con dinosaurios

Terra Nova, dinosaurios y Steven SpielbergEsto va a ser enorme” dijo Kevin Reilly, presidente de Fox Entertainment, respecto a la superproducción televisiva de la temporada: Terra Nova. Enormes eran las expectativas (o son, si todavía quedan algunas), vasto el presupuesto (4 millones de dólares de promedio para cada episodio), colosales las pretensiones y abundantes los problemas con los que los productores (entre ellos Steven Spielberg) se han ido topando.

La trama no puede presumir de muchos matices innovadores pero en un primer instante puede llamar la atención de los entusiastas de la ciencia-ficción clásica. En 2149 la Tierra está en peligro de extinción y los ciudadanos sufren demasiadas restricciones, entre ellas no poder traer a la vida más de dos hijos. Parece ser que las colonizaciones interplanetarias no funcionan y la única salvación pasa por regresar al pasado (o más bien a los orígenes de la humanidad, y más allá) para hacer las cosas bien desde un principio que conlleve, a largo plazo, la construcción de un planeta sostenible para la humanidad. El  episodio piloto, cercano a la hora y media de duración, comienza con los intentos de la familia Shannon por intentar acceder a ese viaje en el tiempo, 85 millones de años hacia el pasado, y así huir del peligro de tener una hija de más de cara la gobierno. En el periodo Cretácico no sólo convivirán con otros seres humanos que han viajado desde ese presente a las antípodas de la creación para salvar el futuro, sino que tendrán que acostumbrarse a caminar diariamente entre dinosaurios.

El hecho de buscar localizaciones en Australia, Hawái y demás emplazamientos exóticos, apostar por la mezcla entre exteriores naturales espectaculares y efectos especiales de última hornada sin apenas reparar en gastos, hacen de Terra Nova la serie con más firmes propósitos de serializar un plot a lo Avatar, pero cambiando la imaginería visual y la inventiva particular e intransferible de ese planeta creado por James Cameron, por componentes tan férreos a la hora de provocar el interés del espectador como son los dinosaurios, la prehistoria y el viaje en el tiempo.

La fusión entre Michael Crichton, Stanislaw Lem, el legado trekkie de Gene Roddenberry y, por qué no, Perdidos (al parecer influencia casi necesaria en cualquier serie de género fantástico actual que se precie de serlo) hacen de Terra Nova una serie por la que hay puestas considerables esperanzas, al menos, perspectivas de evasión lúdica de “no te menees del sofá por si acaso”. Sin embargo, los primeros pasos de tamaña pretensión han dejado hasta el momento un pilotoTerra Nova, la serie producida por Steven Spielberg sosainas y unos primeros episodios donde se demuestra con creces que se ha apostado por el producto blanco y familiar. Todas esas influencias que auguraban algo estimulante se han quedado en augurios de que va ser un tropiezo de los grandes: ni la emoción del mejor clásico literario de género fantástico, ni la hondura metafísica de la compañía del Enterprise, ni el sci-fi absorbente.

En tiempos donde la oferta de seriales televisivos, propuestas arriesgadas o joyas audiovisuales casi perfectas en producción, contenido y fondo aumenta exponencialmente, un resultado tan plano y blando como el que hasta ahora propone Terra Nova, es una asunción de riesgo que juega en demasía con la paciencia del espectador con mínimas inquietudes y tiempo limitado de exposición.

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