Película: Somewhere / País: USA / Año: 2010 / Duración: 97 min. / Género: Drama / Dirección y guion: Sofia Coppola / Interpretación: Stephen Dorff (Johnny Marco), Elle Fanning (Cleo), Michelle Monaghan (Rebecca), Laura Chiatti (Sylvia), Chris Pontius (Sammy), Benicio del Toro, Amanda Anka (Marge), Ellie Kemper (Claire) / Producción: G. Mac Brown, Roman Coppola y Sofia Coppola / Música: Phoenix / Fotografía: Harris Savides / Montaje: Sarah Flack / Diseño de producción: Anne Ross / Vestuario: Stacey Battat /Distribuidora: Vértigo Films / Estreno en España: 30 Septiembre 2011 / Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
Sinopsis: Johnny Marco es un actor de primera línea con perfil de chico malo, que tropieza por una vida llena de excesos. Vive en el legendario hotel Chateau Marmont de Hollywood, se pasea en su Ferrari y sus días son una neblina de alcohol, mujeres y fans. Arropado en esta celebridad inducida por un mundo artificial, Johnny ha perdido todo sentido de su verdadero ser. Hasta que un día, su hija de 11 años, Cleo, fruto de su fracasado matrimonio, se presenta en el hotel inesperadamente y comienza a ser su ancla con la realidad.
Crítica
Si la mayoría de cineastas con voluntad por capturar la emoción latente del relato parecen haber hallado alguna vez su serendipia particular, aquel destello afortunado que parece trascender el momento filmado, también es de recibo que en posteriores producciones hayan visto agotadas sus facultades para propagar, de nuevo, ese pequeño milagro.
Uno de los casos más grandiosos se observó en la magna obra coppoliana que relució con Apocalypse Now: allí se conjuraron hasta los planetas para que la locura, la inestabilidad de la Naturaleza, los delirios de grandeza humanos y la Historia produjesen resultados lógicos ya pensados y controlados, pero también muchos hallazgos afortunados y accidentes majestuosos variados. Tres décadas después, el mainstream hollywoodiense no ha vuelto a contemplar casos similares: o se apela
al efecto digital en sumo grado que trasciende sobre todo el plano en exterior, o los jóvenes cineastas se prodigan en la intimidad del interior físico y moral para trascender realmente esa emoción.
Una de las filmografías (cortas) más personales, intuitivas y sugerentes de esta última década la lleva consigo la neoyorkina Sofia Coppola. Su serendipia llegó pronto, en su segundo largo: a mitad de metraje de Lost in Translation, y después de una distraída juerga por los karaokes de Tokio, Bob (Bill Murray) mira de reojo a Charlotte (Scarlett Johansson) y ésta aguanta la mirada, ligeramente hacia un fuera de campo obvio, y el espectador parece sufrir el mismo escalofrío que corre de estómago a corazón de la protagonista, un pre-enamoramiento repleto de languidez. Un destello corto, intenso, memorable, nada que ver con los grandes momentos de serendipia visual que siempre han estado rodeados de circunstancias incontrolables venidas de la madre naturaleza.
Visionando Somewhere, el último largometraje de la Coppola, uno parece atisbar en primer término resignación en su autora ante la idea de que esa emoción será complicada extraerla de nuevo. Aunque tildar a Somewhere de hermana pequeña de Lost in Translation sin tanto talento y atractivo como la primogénita, sería menospreciar el gancho que arrastra la historia, cómo se plasma en el relato audiovisual y lo que hace que Coppola siga construyendo su visión particular de la existencia, sus recuerdos y dialogue con el cine de su tiempo.
Insípida adrede, la poco más de hora y media que resume los días apáticos que vive el exitoso actor hollywoodiense Johnny Marco (Stephen Dorff haciendo válida por primera vez su nula capacidad dramática) junto a su hija de once años: viajando de Italia a Las Vegas, es desaborida ex profeso. Si bien entre la propia directora y algún periodista se ha tanteado la idea de que sea su película con más tintes biográficos, ya que aunque está ambientada en la actualidad podría plasmar parte de las vivencias de la propia Sofia en su pubertad viajando con su padre por todo el mundo, la verdad es que transmite a la perfección lo que quiere capturar: la inseguridad que no cura ni la fama ni el dinero (Marco y su estancia en un hotel de lujo de Los Ángeles parecen salir de las paranoicas vivencias de persecución y amenazas plasmadas en las páginas de Suites Imperiales de Bret Easton Ellis); la búsqueda de la felicidad dentro de una institución, como la familiar, en aras de desintegración social; el rechazo a los excesos hedonistas, y la necesidad de replantear la existencia privada, íntima y personal.
Si a ello le añadimos que lo que parece narrar, focalizar y ocularizar realmente el relato es el propio cuerpo físico, sus movimientos, los gestos, los actos y los objetos, la experiencia puede parecer más vacua todavía, pero realmente demuestra no solo el gran dominio de Coppola para verter únicamente lo necesario y poder
expresar y configurar su cartografía autoral, sino también para dialogar con gran parte de las inquietudes narrativas de su generación. Steven Soderbergh filmando los cuerpos y trabajando el gesto corporal de su Cuadrilla de los once, o Spike Jonze haciendo virguerías con Christopher Walken y Fat Boy Slim, además de experimentar en muchos de sus cortos y videoclips con el movimiento corporal y los estados anímicos que conlleva, son ejemplos de comunicación generacional. Sofia Coppola sigue intentando buscar esa emoción latente, pero mira más allá de la melancolía derretida de Bob y Charlotte. Se arriesga a traspasar el límite de lo aparentemente vacío para plasmar una monotonía diferente (la de un actor famoso replanteándose la existencia) pero que no anda tan alejada de la nuestra: excesos, tedio, arrepentimiento, ganas de amar y ser amado… Al mismo tiempo que sigue prefigurando, como en sus anteriores películas, un fascinante análisis sobre los espacios físicos que asfixian de mayor o menor grado a sus protagonistas.
Cómo dijo Quentin Tarantino cuando le dio el León de Oro del Festival de Venecia de 2010 siendo presidente del jurado: Somewhere sigue reposando y creciendo en el interior una vez vista. No es tan memorable como sus dos primeros largos pero mantiene su nota media notable.