Resacón 2 (Todd Philips, 2011)

Título original: The hangover: Part 2 / País: USA / Año: 2011 / Duración: 102 min. / Género: Comedia / Dirección: Todd Phillips / Guion: Todd Phillips, Scot Armstrong y Craig Mazin; basado en los personajes creados por Jon Lucas y Scott Moore / Interpretación: Bradley Cooper (Phil), Zach Galifianakis (Alan), Ed Helms (Stu), Justin Bartha (Doug), Jeffrey Tambor (Sid Garner), Ken Jeong (Sr. Chow), Mike Tyson (él mismo), Jamie Chung (Lauren), Paul Giamatti (Kingsley), Mason Lee (Teddy), Sasha Barrese (Tracy) / Producción: Todd Phillips y Dan Goldberg / Música: Christophe Beck / Fotografía: Lawrence Sher / Montaje: Debra Neil-Fisher y Mike Sale / Diseño de producción: Bill Brzeski / Vestuario: Louise Mingenbach. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España / Estreno en España: 23 Junio 2011.

Sinopsis: En este “Resacón en Las Vegas 2″, secuela de la divertidísima “Resacón en Las Vegas”, Phil, Stu, Alan y Doug viajan a la éxotica Tailandia para asistir a la boda de Stu. Después de la inolvidable despedida de soltero en Las Vegas, Stu no quiere asumir ningún riesgo y ha decidido ofrecer un almuerzo tranquilo y contenido antes de la boda. No obstante, las cosas no siempre salen como está previsto. Quizás lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas, pero uno ni siquiera puede imaginar lo que sucederá en Bangkok.

Crítica

Cuando vimos a Will Ferrell desgañitarse de su vida marital y ponerse a realizar las tropelías de su adolescencia en una de las fiestas de campus universitaria de Old school (Todd Phillips, 2003), percibimos que su interpretación de Frank ‘The Tank’ era el clímax de la renovación de la comedia USA en torno al subgénero de la bufonada y la falta de maduración masculina en el nicho de edad de la treintena. El paso que el actor había dado desde su cinismo paródico de high-school en la memorable Superstar (Bruce McCulloch, 1999) hasta el ensamblaje de inicio de crisis de madurez en Aquellas juergas universitarias (traducción española de Old School repleta de matices de añoranza) suponía que su figura cómica entre Fatty Arbuckle, Goofy y John Belushi había recogido los matices exactos de la comedia gamberra y el descaro del rechazo de amedrentarse ante el filtro social de las buenas maneras y la insistencia de aquel dictamen de que “ya no tienes edad para esto”.

Bajo la perspectiva del tiempo transcurrido, Aquellas juergas universitarias (la mejor comedia de Phillips hasta la fecha) podría verse como el anticipo, casi una década antes, de una muestra desvergonzada de los treintañeros actuales: indignados no sólo por no poder acceder al plano de la madurez socio-económica que siempre se les ha exigido, sino hastiados de tener que doblegarse ante las convenciones colectivas, sea a la hora de encontrar pareja, casarse y formar con responsabilidad una familia; encontrar un trabajo con el que poner rictus serio sobre el nudo de la corbata, o en detalles, en apariencia tan nimios, como pensar que regalo de bodas le hago a mi mejor amigo (desternillantes las vueltas angustiosas e incómodas que lleva consigo un pequeño electrodoméstico como regalo para cumplir con dicha convención en Old School).

Sea como fuere, Todd Phillips ha sufrido en sus carnes como realizador de gran parte de las comedias más exitosas de la última década, el mismo proceso de sometimiento que su filmografía: ha pasado de burlarse de dichas convenciones sociales y atreverse a mostrar el “otro camino”, aquel que indicaba que lo mejor es dejarse llevar por los instintos y ser uno mismo, a doblegarse ante la moraleja subterránea que soporta la gran mayoría. Su mayor éxito: Resacón en Las Vegas (2009), bajo su epíteto de comedia gamberra, escondía una angustia generacional sempiterna por ocultar aquellos errores que no admitirían un aprobado por parte de la convención social (aunque, paradójicamente la despedida de soltero esté plenamente asimilada dentro de esas convenciones), al aprovechar el truco narrativo del flashback y la elipsis para connotar una vergüenza común por aquellos actos impropios de una determinada edad. Si bien todo su metraje era una carrera contra el tiempo para limpiar las huellas del delito, salir impune y doblegarse definitivamente, lo que se vio claramente es que la comedia rompe taquillas del verano era más convencional y menos fiera de lo que en un principio pudiera denotar.

Con Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! Se cumplen las expectativas mayoritarias: más gags toscos, sexuales, desvergonzados y más vandalismo bajo inconsciencia etílica; pero también se consuma la expectativa de que no sólo se otorga más de lo mismo sino que se acentúa el truco inicial de la saga para perdonar desde el principio el acto de esos vándalos de la despedida de soltero contemporánea. Si bien en la primera entrega, la sorpresa inicial, las elipsis y la falta de tacto por parte de sus protagonistas sólo admitía como excusa de todo lo sucedido un “se nos ha ido de las manos”; en Resacón 2, Phillips y su grupo de guionistas se lavan las manos directamente y perdonan a sus protas desde el principio de la desventura: ellos no querían realizar una despedida de soltero el día de antes de la boda de Stu (Ed Helms o el dentista de la primera parte que pierde parte de su dentadura) pero la química hace que lo hagan inconscientemente, sin haberlo preparado, dejándose llevar totalmente por los efectos de un elemento artificial que les arrastra a ello.

El Macguffin o truco diegético llevado hasta el extremo logra que veamos como espectadores que esos actos pasados de rosca estén totalmente fundamentados. A partir de ahí, solo se trata de dar al público lo que desea: de nuevo, un despertar en una habitación de hotel sin saber cómo se ha llegado ahí y el incremento de la angustia y el suspense por dilucidar antes de la boda como se vuelve a montar el puzzle de la vida convencional, aquella realmente admitida. Algo completamente en oposición a la abstracción outsider de los inicios de Phillips como autor de comedia.

Resulta demasiado fácil apostar al todo o nada que Resacón 2 será un blockbuster estival en toda regla, y que la glucosa de los hiper-combos palomiteros y de refresco de super tamaño racionados en las multisalas harán que el subidón de expectativas se cumplan a rajatabla. Visto así, no habrá decepción posible. Sin embargo, mi modesta opinión echa de menos una inyección por vena de un tipo de comedia que al igual que la infravalorada Clerks 2 (Kevin Smith, 2006), asuma la verdadera angustia existencial de ese nicho de edad, y que reproduzca a la perfección, no sólo el patetismo de la cruel realidad generacional, sino que se vea el franco homenaje de influencias cómicas, sin trucos ni artificialidades tramposas. Al igual que Smith logró con la figura del burro montar un interesante metatexto con la presencia obvia de Despedida de soltero de Neal Israel a mediados de los ochenta, Resacón ha jugado en sus dos partes con la presencia anecdótica de un animal: el tigre de Mike Tyson en la primera entrega y el mono traficante en la segunda, como principales baluartes de una trama que sólo trata de sumar y seguir.

Aún a pesar de que la presencia de Zach Galifianakis y ese mico logren los momentos más disparatados, desternillantes y hasta enternecedores de la secuela (onanismo figurado incluido), él que esto suscribe mantiene la sentencia de que lo único realmente sostenible por parte de la comedia norteamericana actual es el grupo formado por Jody Hill, David Gordon Green, Ben Best y Danny McBride: la comedia catódica con sello HBO consolida en las dos temporadas de Eastbound & Down (o De culo y cuesta abajo) el patetismo, la vergüenza ajena, el post-humor y la franqueza de gran parte de una generación perdida en el centro neurálgico de la crisis emocional y social de la post-globalización… Y sin viajar a Tailandia.

4/10

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