Título original: Back to the Future Part III / País: EE.UU. /Año: 1990 / Duración: 118 minutos / Género: Ciencia-ficción, western / Dirección: Robert Zemeckis / Guión: Bob Gale, Robert Zemeckis, Arthur Schmidt y Harry Keramidas / Producción: Neil Canton y Bob Gale / Productores ejecutivos: Steven Spielberg, Frank Marshall y Kathleen Kennedy / Fotografía: Dean Cundey / Música: Alan Silvestri / Montaje: Harry Keramidas y Arthur Smith / Diseño de producción: Rick Carter / Dirección artística: Maggie Stone Mcshirley y William James / Vestuario: Joanna Johsnton / Intérpretes: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Mary Steenburgen, Lea Thompson, Elisabeth Shue, Thomas F. Wilson, James Tolkan, Matt Clark, Dub Taylor, Harry Carey Jr., Pat Buttram, Christopher Wynne.
Sinopsis: La próxima parada para Marty McFly en sus aventuras por el túnel del tiempo es el salvaje Oeste. Obligado a viajar hasta 1885 para traer de vuelta a Doc, su estancia en tal época le hará relacionarse con sus antepasados, fieros bandidos y salvajes indios, dándose de bruces ante una incómoda sensación de acorralamiento temporal: ¿cómo poner a punto el DeLorean para regresar al presente en pleno siglo XIX?
Crítica
La última aventura de Doc y Marty, como hace presagiar el final de infarto de la segunda parte, acontece en el lejano Oeste durante una fecha redonda dentro de la coyuntura de la saga: 1885, emparentada con 1955 o 1985, de la primera databa hasta entonces el momento en el tiempo más pretérito al que había viajado el DeLorean, formándose un desparrame de total inventiva creadora.
De nuevo la paranoia, la ventisca que hace volar el espacio-tiempo y las lúcidas mentes de Zemeckis, Gale y compañía arremeten frente a uno de los géneros que más loan: el western. Si tras el final de la anterior entregas ya se nos adelantaba el proseguir de la aventura a través de un escueto resumen (de nuevo la estructura episódica del serial) con una muestra de referencialidad que superaba al ‘Continuará…’ de la primera entrega, los espectadores sabían en su momento que tenían que esperar un año para proseguir el carrusel temporal que se detenía en el escenario de uno de los géneros cinematográficos por antonomasia.
La ciencia-ficción conjugada en territorio virgen
Se edificó un poblado en Sonora, desierto dónde se han rodado westerns del tamaño de Duelo al sol (King Vidor, 1946) o Sólo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952), además de ser escenario para series clásicas como Bonanza (1959-1973), y se rodaron escenas en Monument Valley, mítico paraje gracias a varios trabajos de John Ford, jugándose con el contraste temporal de los protagonistas y de los espectadores para que esas coincidencias, detalles y guiños que campan a sus anchas en las anteriores entregas se agrandaran y dieran todavía más sentido al significado intrínseco de la trilogía y de sus creadores. Todo el parecio hacia el cine hallado en el momento en el que Marty invoca las palabras desconocidas para los cowboys: cine y películas y un niño pregunta ¿qué son las películas? Siendo despachado hacia su casa por un hombre que añade: “D.W. el pequeño de los Griffith siempre anda escapándose”. Sin duda, este simpático tributo al creador del modo de representación clásico en el cine (David Wark Griffith) resulta un momento anodino pero trascendente que guarda la esencia de Regreso al futuro: espectáculo, entretenimiento y humor a través de intertextualidad refrescante y envolvente.
Este ocaso episódico mantiene durante toda su duración un halo firme de triste despdida. La genial fanfarria compuesta por Alan Silvestri para toda la trilogía se halla en este tercera parte en un universo de melodías de nostalgia onírica (no hay más que darse cuenta de los títulos de crédito iniciales que contrastan con la energía de la Parte II y con la atmosférica cotidianeidad de la primera) así como una excelente variación en el núcleo central del score de puro western moderno.
Además, a la melancolía se le añade el tema del amor: el increíble enamoramiento de Doc con la docente Clara Clayton -una Mary Steenburgen que vuelve a romancear con un vaijero del tiempo, como en la notable Los pasajeros del tiempo, dirigida en 1979 por Nicholas Meyer, y el tema de la muerte: d enuevo en acrnes de Doc, pero con un tratamiento más oscuro que en la primera entrega, alineándose ambos motivos para elaborar un itinerario hacia los ribetes de la amistad, el paso fugaz de la vida y, sobre todo hacia las tangentes que plasman los juegos del destino.
Las obsesivas reiteraciones en cuanto a conocer el futuro, sentir que lo tienes al alcance de tus manos y no puedes
dominarlo son recreadas en este desenlace de forma más dramática, varaindo el tono y las interpretaciones (la manera en que Marty intenta avisar a Doc de su negro futuro no resultan tan angustiosas como en la primera entrega) quizás porqué nuestro mapa mental tiene más carreteras secundarias y caminos recónditos archivados en forma de cartografía idiosincrásica de personajes y entorno de la trilogía o, quizás porque siempre las despedidas se conjuran para que no sesan muy alegres, lo que es cierto es que todo el equipo encargado de facturar este tríptico plantea temas universales en una minúscula atalaya donde la vida en toda su fuerza aparece realmente, aunque sea de manos del entretenimeinto y planatando cara a eternas cuestiones de la manera más agradable y lúdica posible, agardeciendo que por momentos todo ello se decante hacia la sátira y en el caso que nos ocupa hacia tintes más grises.
Sin embargo, antes de tildarlo todo hacia el apocamiento, este apodíctico mensaje termina en su último encuentro con ansia vital, optimista y reconfortante: los interrogantes siguen estando, pero la energía por destaparlos sigue intacta.
¿El final de una saga?
Michael J. Fox cede su protagonismo a Christopher Lloyd y éste cruza con el peculiar Marty ‘Clint Eastwood‘ McFly y su duelo matutino con Bufford ‘perro rabioso’ Tannen, un estupendo muestrario referncial que va desde el visionario Julio Verne hasta el enamoradizo Buster Keaton de El maquinista de la General (1927): en el límte de las posibilidades humanas por cambiar la Historia sólo por amor al arte, la ciencia, una mujer y una locomotora.
La melancolía se acrecenta hacia el final e incluso como espectador y fan apena pensar en la muerte absoluta de la imaginería del universo de Regreso al futuro, aunque sólo sea para proseguir con la fuerza de la cartelería de la trilogía, dónde el suma y sigue añade mínimamente detalles y rostro que alcanzan el fetichismo y la devoción. Puede que nunca escapemos del todo de tal torbellino, ya que si la trilogía te gusta, te engancha hasta la médula y uno sería capaz de continuarla ahsat el infinito, hasta que dicho cartel se asemejara al ¿Dónde está Wally? y las etapas temporales no dieran más de sí.
Estoy pensando en dejar un anuncio por palabras dónde se me pueda avisar si alguien me pasea en un DeLorean para averiguar si tal acontecimiento cinematográfico pueda ocurrir. THE END
8/10