Regreso al futuro Parte II (Back to the future Part II, 1989)

Título original: Back to the Future Part II / País: EE.UU. / Año: 1989 / Duración: 108 minutos / Género: Ciencia-ficción, comedia de enredos / Dirección: Robert Zemeckis / Guión: Robert Zemeckis y Bob Gale /Producción: Neil Canton y Bob Gale / Productores ejecutivos: Steven Spielberg, Frank Marshall y Kathleen Kennedy / Música: Alan Silvestri / Fotografía: Dean Cundey / Montaje: Harry Keramidas y Arthur Smith / Diseño de producción: Rick Carter / Dirección artística: Margie Stone McShirley /Vestuario: Joanna Johnston / Intérpretes: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson, Elizabeth Shue, Thomas F. Wilson, James Tolkan, Jeffrey Weissman, Casey Siemaszko, Billy Zane.

Sinopsis: Aunque a Marty McFly todavía le falta tiempo para asimilar el hecho de estar viviendo dentro de la familia perfecta gracias a su anterior viaje en el tiempo, no le queda ni espacio para respirar cuando su amigo Doc aparece de improviso con la máquina del tiempo (mucho más renovada) y le insta a viajar al futuro para solucionar, in situ, un problema legal que tendrá su hijo. En la tremenda vorágine futurista del Hill Valley de 2015, la presencia de tales viajeros temporales causará un efecto mayor que el que iban a solventar. Un almanaque deportivo y la posesión del secreto de la existencia de la propia máquina del tiempo por parte de Biff Bannett serán los ingredientes que conjugarán una causa-efecto en pasado, presente y futuro que hará que Marty y Doc se tengan que emplear a fondo para poner fin a la catástrofe a la que les lleva el destino.

Crítica

El final de la primera parte, esa media hora final de puro éxtasis hecho espectáculo, nos deja con ganas y,  para finalizarla, Zemeckis y compañía se sacaban de la manga un coitus interruptus como el de los viejos seriales: un final abierto donde Doc regresaba del futuro a un presente interferido de felicidad a causa de haber acabado los deberes en el pasado, y el DeLorean  terrenal despegaba y volaba igual que cualquier platillo volante, alimentándose tan sólo de residuos varios. Era entonces cuando aparecía ese letrero alucinatorio y memorable (cuánto hacía que la cultura popular en el cine no se veía mejor reflejada) de Continuará…

Claro está que el éxito cosechado por la primera parte dejó, en cierta manera, a sus creadores con los pantalones bajados, teniendo de engarzar toda una serie de acontecimientos para que todo coincidiera y se sustentara. Un contratiempo importante resultó ser  la negociación para que continuara el mismo reparto en el resto de la saga. A la incorporación de Elizabeth Shue en vez de Claudia Wells para el papel de la novia de Marty, se añadió el desbarajuste de Crispin Glover, que encarnaba a George McFly (el padre del protagonista), y que después de la primera parte no quiso saber nada más de la saga futurista. Además de no desear seguir interpretando tal personaje demandó al equipo por reciclar escenas suyas en esta segunda entrega, ganando el posterior litigio y inaugurando una serie de regulaciones que, a partir de entonces, el Screen Actors Guild realizó en favor de las apariciones de los actores/actrices en producciones.

La consolidación de la trilogía

A partir de tener toda la pre-producción bien atada y , mientras Zemeckis dirigía ¿Quién engaño a Roger Rabbit? se fue consolidando la creación de las dos entregas posteriores, rodadas en continuidad y estrenadas con un año de diferencia. El principio de esta Parte II se las apaña para recordarnos la abrupta dosis final de la primera para continuarla antes de que los títulos de crédito iniciales aparezcan como los zambullimientos episódicos  del serial nos tenían acostumbrados.

Un viaje al futuro desde el presente para salvar la dignidad del futuro primogénito del matrimonio McFly (Marty y Jennifer), un regreso al presente con la alarmante situación de los personajes mutada y un regreso al pasado – el mismo de la primera parte- para interceptar al Biff anciano (de 2015) dotando al Biff  joven (de 1955) de un arma poderosa, en forma de almanaque deportivo, provoca un cruce final que amortigua toda una odisea de intervalos temporales que, aprimera vista, puede parecer un galimatías clínico y estólido, pero resulta ser una alentadora visión narrativa del cine espectáculo.

Al llamamiento de los que pedían más, bajo la tutela de un chollo como esta criatura cinematográfica, sus precursores y creadores supieron exprimirle todo el jugo que llevaba dentro. La dosis de acidez (el buen trato de la ironía), dulzura (cada fase temporal tiene un halo de nostalgia y encanto ante los símbolos identificables) como vitamínica y energética: la supina y sobria muestra de torbellino galvanizado de varios géneros, está grantizado. De ello, son partícipes los puntos convergentes de autorreferencialidad que hay en la historia. Tiene que ser sabido que sin ver y disfrutar la primera parte no se podrá hacer lo mismo con esta segunda: esta clase magistral de intertextos referidos al univeros de McFly t compañía no podría ser una creación cómplice hacia un espectador ávido de emociones y divertimento.

Maquillaje offside y lavado de cara

La estructura está dividida en actos que se diferencian entre sí por la escenografía y las respectivas situaciones en el espacio-tiempo. Parece mentira que un decorado como el del pueblo de Hill Valley dé tanto de sí mediante una limpieza de cara (los maquillajes abusivos para aumentar la huella del paso del tiempo en los personajes es uno de los puntos débiles de la película) se vaya amoldando a un pasado en auge de rock  ‘n’ roll y high school; un presente que no está tan lejano de aquello, pero que obtiene bajo pequeños detalles en los comportamientos de los personajes (el pasotismo y la somnolienta predisposición de Marty) una clara pincelada de la época que refleja en el presente, y un futuro que no quiere ser el grado cero del anuncio visionario de lo que seremos, sino que trata con humor, de arremeter contra todo aquello que inexorablemente acompaña y acompañará a la civilización: el marketing, el negocio de la sociedad del bienestar y el consumo, incrustado en ese banner virtual de Tiburón 19 -curiosamente dirigida por Max Spielberg, hijo del propio productor de la saga-, las nuevas Nike con robobotones o esa sátira ante la poca confianza y verosimilitud que otorgan esos tugurios franquiciadores como el Café de los 80: envasador de tópicas intenciones de reflejar nuestro pasado.

Es innegable que si la primera parte era una prueba fantástica, una presentación agradable y memorable, esta Parte II es un nudo que sigue siendo original y atrevida, un desarrollo acorde a lo que se quería alcanzar. Más que un agujero en el tiempo es un hueco para que los voyeurs de la ciencia-ficción se regocijen ante el arsenal  infatigable de viajes, carreras y equívocos con aliento comico-trágico dentro de una original vuelta de tuerca. Los nudos argumentales aparecen en una narrativa tangencial que como en esas odiseas de films de esencia totalmente pulp o esa no tan lejana incursión de Indiana Jones en el Templo Maldito (Steven Spielberg,  1984) dónde la tontería y lo increíble se daban la mano para producir un espectáculo de desarrollo imparable.

Sin embargo, para palpar este disfrute es necesario quedarse congelado tras ese final de infarto, como el que le da al Doc de 1955 tras observar que por una parte Marty ha conseguido regresar al futuro, pero su mismo yo vuelve a aparecer para confirmarle que ha regresado para ayudar a rescatarle en 1885.

Cuando el continuo espacio-tiempo hace de las suyas vayan temiéndose lo peor. TO BE CONCLUDED…

9/10

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