Regreso al futuro (Back to the future, 1985)

Título original: Back to the Future / País: EE.UU. / Año: 1985 / Duración: 111 minutos / Género: Comedia; Ciencia-Ficción / Dirección: Robert Zemeckis / Guión: Robert Zemeckis y Bob Gale / Producción: Neil Canton y Bob Gale / Productores ejecutivos: Steven Spielberg, Frank Marshall y Kathleen Kennedy / Música: Alan Silvestri / Fotografía: Dean Cundey / Montaje: Harry Keramidas y Arthur Smith / Diseño de producción: Lawrence G. Paul / Dirección artística: Todd Hallowell / Vestuario: Deborah Lynn Scott / Intérpretes: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson, Crispin Glover, Thomas F. Wilson, Claudia Wells, Marc McClure, Wendie Jo Sperber, George DiCenzo, Frances Lee McCain.

Sinopsis: Es 1985 en hill Valley, un apecible pueblo dónde el joven Marty McFly, como cualquier adolescente, vive en un mundo cuyo centro radica en la música rock, las chicas y el poco estudio. Elementos que hacen mella en sus relaciones, poco fructuosas, con cualquier adulto, ya sean sus sosos y patéticos progenitores o el rector del instituto. La única excepción que confirma tal regla resulta ser el excéntrico científico Doctor Emmett L. Brown, que guarda empatía con Marty por ser tan incomprendido como él.

Una noche Marty es citado por éste en el aparcamiento de unos grandes almacenes para probar su último invento: un De Lorean convertido en una máquina del tiempo. Por accidente, Marty se verá transportado al pasado: un 1955 dónde convivirá conel propio enamoramiento de sus padres. Su regreso al futuro (su propio presente) estará condicionado a la ayuda del propio Doctor Brown de esa época y por las huellas nefastas en lo temporal que va dejando. Algo que puede abortar su propia existencia en un futuro no tan lejano.

Crítica

Condensar sólidamente un universo paralelo al de la realidad y al de la propia ficción como mero divertimento a lomos de un pasatiempo lleno de múltiples lecturas, resulta de lo más estimulante para un espectador (unos adolescentes que llenaban las salas de cine: el blockbuster estaba en pleno apogeo) deseoso de potente cine moderno, de género ‘molón’ que sigue unas modas (creadas por las propias producciones spielbergianas de mediados de los ochenta) como si se tratara de un tornado que arrasa con gran impulso y que tras devenir la calma lo pone todo en su sitio. Así de coherente resulta este cubo polisémico que desprende por todas sus caras puntos de fuga que rompen argumentalemnte con todo, pero que vuelve a la condensación, a lo sólidamente normal, cuando se observa y se palpa que todo encaja.

Regreso al futuro representa esa fantasía que la zona más salvaje, inocente e infantil de nuestro ser intenta exteriorizar: deseo de tener el talento necesario para poder escribir nuestro libro favorito y poder leerlo cuando nos sintamos aburridos y ninguna de las novedades editoriales nos sacie; poder realizar nuestra película deseada y devorarla cuando la cartelera no sea atrevida. De esta imaginería propia de las más tempranas etapas creativas surgen ideas como la de ¿qué pasaría si pudiera vivir la adolescencia de msi padres y mi madre se enamorara de mí?

La inspiración espontánea de Bob Gale (encargado de parte de la producción de la película y de la parte pesada del argumento y del guión) es una de esas boutades que quedan d emaravilla contadas en un making off. Y es que la semilla comenzó a membranarse cuando Gale hojeaba un High School Annuary de sus padres, pasándoselo en grande imaginándose la rutina de éstos en dicha época. Surgiendo de aquí la ídea de trasladar a la pantalla grande las correrías de un joven que viaja con su máquina del tiempo a la adolescencia de sus progenitores.

Visto de esta manera, no es para atanto, pero los pequeños detalles que van engrasando la máquina narrativa del film operan a merced de una delirante trilogía de juegos multireferenciales.

Otro artesano en la factoría spielbergiana

Robert Zemeckis se encargó de trasladarlo en imágenes; un realizador que es capaz de excavar en lo más profundo de su país, dónde esa época proclive  a fotunios y desgracias, cómo es el intervalo temporal de los 50-70, capta toda su referencialidad como artista. Desde las fiebres populares que rinden culto a todo un acontecimiento como los Beatles en su gira norteamericana (¡Locos por ellos!,  1978), hasta su film más premiado, Forrest Gump (1994), dónde se repasa la segunda mitad del siglo XX con exhaustiva ligereza creativa, rompeindo moldes de la sociedad yanqui que se creían indestructibles.

Discípulo talentoso de Spielberg, Zemeckis comenzó a ganarse con Regreso al futuro la etiqueta de poseer en su filmografía los más ácidos films comerciales de la década. Conectando con esta película una serie de electrizantes ingredientes, tales como la comedia light a la vez que negra, que se ríe de los acontecimientos históricos (brillante el momento en el que  el protagonista, Marty McFly, intenta otorgar comprobante de su llegada desde el futuro, asegurando que el actor de westerns de serie B de los 50, Ronald Reagan, es presidente de los Estados Unidos en plenos 80); los elementos fantásticos testigos de increíbles efectos especiales (eficaces y memorables, a la vez que han creado escuela) y una narración que posee un giro argumental novedoso en el género de la ciencia-ficción con la aventura y el suspense como sus mejores aliados.

Poseedora, esta alentadora historia, de un argumento rocambolesco pero nada críptico, que da vuletas sobre sí mismo coherentemente y reboza de delicadeza y sarna, de ligera inocencia y cínico mensaje interior. Dónde el segundo y tercer plano aportan tras su mascarada de anodina existencia y acompañamiento gracioso un papel tan importante como la trama principal. Todos los detalles se irán elaborando y madurando a través de tres películas que cierran una trilogía envolvente de sentido, también gracias sobre todo a que esta primera parte cosechó un sonado éxito, siendo la película más taquillera de su año,  logrando numerosos premios y nominaciones tanto en EE.UU. como en el extranjero (Premios Bafta o el David de Donatello a la Mejor Película y Mejor Guión), se dió pie a dos secuelas más.

Mostrenco de universo propio

Es objeto del espectador ir descubriendo numerosos detalles de la película y sus dos secuelas, aunque sea en el enésimo visionado de éstas, pero tan sólo mencionar curiosidades y anécdotas totalmente diegéticas que muestran ese culto que deviene hacia cada uno de los recovecos de la trilogía. El cameo de Spielberg como conductor del jeep que lleva remolcado a Marty en monopatín bajo la melodía envolvente de The Power of Love de Huey Lewis and The News; la propia aparición de Huey Lewis como juez de la prueba musical de Marty para el baile del instituto; la idea original de que la máquina del tiempo fuera un frigorífico, pero ante la poca confianza de que los niños no se metieran en la nevera d ecasa para imitar posibles viajes en el tiempo fue decisiva para que finalmente se tratara de un coche, o el curioso cambio para el doblaje al castellano que sufre el nombre de Marty en 1955 (‘Levi Strauss’) ya que en la versión original resulta ser el de ‘Calvin Klein’: marca no tan popular en España como la de los jeans, siendo la marca solicitada en Francia, ‘Caroche’.

Esta anecdótica muestra de anécdotas demuestra que todo lo que tiene que ver con Regreso al futuro adquiere una fuerza tal que se inmiscuye dentro de la propia ficción, dejándonos entrever que, ya antes de su sello de clásico moderno, sus creadores preveían un universo que iba a alimentar los sueños de fans infatigables, como había ocurrido con Star Wars.

Ya ha quedado para la historia del cine taquillero contemporáneo ese plano secuencia inicial con el sonido multitudinario del tic-tac d elos relojes (con la imagen de uno de ellos dónde aparece un monigote enganchado a una manecilla rememorando al Harold Lloyd de El hombre mosca, 1923, y antecediendo al delirante final de la caída del rayo en el reloj de la torre, dónde Doc también se halla atrapado entre ambas manecillas), los equívocos temporales y sus consecuencias.

Michael J. Fox nunca será un gallina

Junto al citado Doc, o Doctor Emmett L. Brown (memorable Christopher Lloyd), se halla ese actor poco proclive y famoso por encarnar al padre de Marty (George McFly), Crispin Glover, o el grandullón Biff BAnnet (Thomas F. Wilson), que pasa a ser el bruto insoportable a un servil esclavo por exigencias de las interferencias temporales.

Más de uno quisiera vivir la pesadilla de que tu madre se enamorase de tí y no d etu padre, como estaba escrito sobre el destino, tan sólo por vivir la experiencia de montarse en ese DeLorean “[...] cacharro eléctrico que necesita una reacción nuclear para generar 1,21 GigoWatios  a través de plutonio inyectado al condensador de fluzo [...]” y estar bajo la piel de Michael J. Fox,  ídolo adolescente de eterno rostro infantil -algo así como un Mickey Rooney de los 80-, que logró el papel en dtrimento de Eric Stoltz, alcanzando la cima de la fama en este film que, como Los Goonies (Richard Donner,1985)  o E.T. el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982) hicieron surgir desde la mente del propio Rey Midas de Hollywood todo un imperio que colonizó el mundo entero a través de un arma indudablemente . Sus elementos resultan inconfundibles: desyunos repletos de cereales, monopatines,  deportivas molonas, bicis de cross y toda una manera de vestir o ligar, asi como unos decorados (este pueblo tan encantador como Hill Valley) que producían un idílico muestrario de la clase media norteamericana. Un microcosmos tan falso como el cine donde nuestros protagonistas hacen flotar un arsenal de situaciones trascendentales que provocan sobre tal espacio territorial y, como devendría en toda la década, siempre estaban presentes en las cintas más populares y familiares (desde Gremlins -Joe Dante, 1984- a ¿Quién engaño a Roger Rabbit? -Robert Zemeckis, 1988-).

A los demás mortales sólo nos queda la ilusión de creernos en algún parque temático hollywoodiense cada vez que paseamos por las aburridas calles de nuestra ciudad y vemos pasar un Renault Fuego. TO BE CONTINUED…

9/10

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