Margin Call / País: USA / Año: 2011 / Duración: 109 min. / Género: Drama, thriller / Dirección y guion: J.C. Chandor / Interpretación: Kevin Spacey (Sam Rogers), Paul Bettany (Will), Jeremy Irons (John Tuld), Zachary Quinto (Peter Sullivan), Penn Badgley (Seth), Demi Moore (Sarah), Mary McDonnell (Mary), Stanley Tucci (Eric Dale), Simon Baker (Jared) / Producción: Michael Benaroya, Neal Dodson, Zachary Quinto, Robert Ogdent Barnum, Corey Moosa y Joe Jenckes / Música: Nathan Larson / Fotografía: Frank G. Demarco / Montaje: Pete Beaudreau / Diseño de producción: John Paino / Vestuario: Caroline Duncan / Distribuidora: Wanda Visión / Estreno en España: 21 Octubre 2011.
Sinopsis: Margin Call compromete a las figuras clave de un banco de inversión durante las turbulentas 24 horas previas al inicio de la crisis financiera de 2008. Cuando Peter Sullivan, un analista junior, revela información que podría probar la caída de la empresa, origina una toma de decisiones en cadena tanto morales como financieras que producen un terremoto en las vidas de los implicados en el inminente desastre.thriller dramático que compromete a las figuras clave de un banco de inversión durante las turbulentas 24 horas previas al inicio de la crisis financiera de 2008. Cuando Peter Sullivan, un analista junior, revela información que podría probar la caída de la empresa, origina una toma de decisiones en cadena tanto morales como financieras que producen un terremoto en las vidas de los implicados en el inminente desastre.
Crítica
Inside Job, el magnífico y denso documental de Charles Ferguson ya divulgó que el mundo globalizado no es que esté contaminado desde 2008, sino que venía envenenándose a conciencia desde décadas anteriores. El estreno de Margin Call, ópera prima de J.C. Chandor, narra en ficción comparativa las vicisitudes de las 24 horas en las que el holding Lehman Brothers se preparó para anunciar su quiebra en aquel fatídico 15 de septiembre de 2008, comunicando por todo lo grande la recesión económica que sufrimos desde entonces.
Si por una parte, el documental de Ferguson explica la complejidad del asunto sin despreciar el coeficiente intelectual del espectador, el largometraje de Chandor parece tener claro desde el principio que el meollo de la cuestión (porqué acontece la funesta coyuntura) no tiene importancia y es demasiado embrollado para que
el público de multisala engrase la materia gris durante poco más de hora y cuarenta minutos. Lo que prima en la trama es el tono esquinado y arisco, empapar de gravedad y solemnidad a la narración y que figuras como Jeremy Irons, Demi Moore o Kevin Spacey se encarguen de dar el matiz expresivo para que la historia gane en emoción y viveza.
Sea como fuere, ni el star-system prefigurado en la película ni la apuesta por la formalidad y la seriedad acaban por desempeñar la función necesaria para que el producto mantenga la tensión que en los primeros minutos se crea. Son esos primeros instantes donde se entra de lleno en el quid de la cuestión y el personaje interpretado por Stanley Tucci (quizás la interpretación más aceptable de todo el reparto) logra que su situación crítica agarre realmente la atención del espectador. A partir de ahí, Margin Call tira más por el cine de género pero sin llegar a decantarse íntegramente por ese ejercicio de estilo. Brinca a dos bandas: el intento de recreación desde la ficción con severidad inocua, sin riesgo, y sin capacidad para armar un relato tan complejo como la realidad que ficciona, como pensando que el espectador no entendería ni la mitad, y por ello mismo, Chandon se va por lo fácil y sucumbe a la pretensión de introducirse en el thriller político-social, con ínfulas de autor sofisticado pero con carencias tales como pulso narrativo, inventiva, rigor o capacidad crítica.
Margin Call no quiere tratar el tema de los créditos subprime, los mercados de derivados, el sistema de reguladores o los elevados salarios de la industria financiera, sino que intenta mostrar los buenos y malos sentimientos que desprenden esos seres humanos que destrozaron definitivamente el sueño de la sociedad del bienestar. Aunque de su poca hondura (debido sobre todo a unos personajes planos o maniqueos) haya irrisorios instantes memorables (debido sobre todo a unos personajes planos o maniqueos), sí que es verdad que adquieren notoriedad esos tiempos muertos entre reunión y reunión donde las vistas desde los despachos de las altas cumbres de los rascacielos de Wall Street van tiñendo esa madrugada lechosa y de oscuros informes en estados de ánimo sugestivos: evocando indiferencia, incertidumbre, egoísmo, vanidad, temor y miradas por encima del hombro hacia el resto de los mortales de dioses enjaulados en junglas de cristal, acero y hormigón. Al menos pasa tan rápida y ligera como desapercibida y olvidada se hallará a largo plazo.