Muchos lo citan como el Nuevo Rey Midas de Hollywood. Su aspecto de judío pizpireto e intelectual freak hace pensar en el Steven Spielberg que inventó el blockbuster y cambió totalmente el concepto de cine comercial cuando estrenó Tiburón en 1975, pero J.J. Abrams ha madurado todo su filón narrativo a través del guión y la televisión y quizás no posea tanta capacidad visual como el director de E.T., aunque ha logrado renovar géneros a través de construir unos personajes cercanos y con capacidad para emocionar. Ahora estrena su segundo largometraje como director, la undécima parte para el cine de la saga de Star Trek y, visto lo visto, también ha trastocado los cimientos para darle otro prisma a la historia trekkie.
Lo que importa es la emoción
Que a Abrams le pierda desembocar hacia las relaciones sencillas, humanas y hacia las historias de amor ya estaba bien representado en sus incursiones como guionista y productor en A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991) y Eternamente joven (Steve Miner, 1992) así como en su primera creación televisiva: Felicity (1998-2002). Poco a poco fue mutando el edulcoramiento hacia las historias de género y los espectadores hallamos su principal aportación en la industria del entretenimiento televisivo y cinematográfico: situaciones fantásticas, de acción… desde el prisma más humano posible.
Si Alias (2001-2006) es una historia de espías llena de conspiraciones, traiciones y dobles agentes dobles donde lo que
sustenta la trama es la búsqueda interior que llevan a sus espaldas los protagonistas y los giros argumentales y las indagaciones van resolviendo las falsedades (el encubrimiento, los nombres e identidades ficticias), Perdidos (2004- ) representa el rizo que riza el collage de géneros (ciencia-ficción, drama, comedia, aventura, espionaje…) para ir resolviendo los trucos y la sorpresa oculta a través de la emoción inherente en la magnífica construcción de los diversos puntos de vista de cada uno de sus numerosos personajes.
Por no hablar del aporte edulcorado y descendiente del tratamiento de la emoción sobre los héroes clásicos en el guión de la producción de Jerry Bruchaimmer: Armaggedon (Michael Bay, 1998), el cariz romántico y de venganza emocional con el que dotó la tercera entrega cinematográfica de Misión Imposible (su primer trabajo como realizador para la gran pantalla, estrenado en 2006) o la agorafóbica odisea teen en busca de la ex-novia atrapada por las fauces del monstruo de la desilusión y la individualidad contemporánea en su guión para Monstruoso (Matt Reeves, 2008).
Posmodernidad Vs. Humanismo
Hay una aportación sui generis y auténticamente made in J.J. Abrams que ya marca su sello personal como creador de historias. Tal y cómo hemos comentado anteriormente, Alias responde a una trama repleta de conspiraciones gubernamentales, de sociedad capitalista corrupta y de globalización infectada por el virus de la sobreinformación y el control exhaustivo sobre el individuo, al igual que se va apreciando en la exitosa Perdidos.
Su obsesión por el maremágnum de organizaciones y corrupciones ocultas para el ciudadano de a pie responde a una
mentalidad posmoderna (como comentaremos después: quizás vaya un paso más allá del trillado posmodernismo) donde ya no sólo se establece la crisis de la modernidad y el estado centralizado, sino que se cuestiona la razón y la idea de progreso adoptando la idea de que el mundo cada vez se hace más pequeño y las vidas de toda su población están intervinculadas.
Su obra también posee mucho del pensamiento nietzscheano: realidad, irrealidad y multiplicidad de realidades, así como la racionalidad atacada por el nihilismo. En cierto modo, el descubrimiento de la verdad oculta una voluntad de poder; los que abrigan tales pretensiones se ponen por encima de los otros y exigen su conformidad: las famosas corporaciones del universo Abrams, cuestionándose la propia posibilidad de adquirir conocimiento sobre el mundo en el que vivimos. Caos y confusión como se sugiere a través del punto de vista subjetivo que se establece en Monstruoso.
Sin embargo, Abrams sobrepasa este pensamiento posmoderno concluyendo que nos hallamos en una situación de hiperrealidad y de simulacros donde se van destruyendo los significados que sustentan ‘nuestra realidad’ y la única vacuna para combatir la reproducción de ese virus totalmente controlado desde las altas esferas es hacer flotar el mayor humanismo posible. Sus ficciones enaltecen el género humano, la capacidad de supervivencia tanto individualmente como en grupo y la restauración de la fe en el ser humano; las tramas giran alrededor de las virtudes y defectos del individuo o del grupo: antropocentrismo hasta en el modo de mostrar y dar información al espectador.
Del ojo que todo lo ve a la limitada vista humana
En las tramas más conspirativas y enigmáticas de su obra la sensación que se tiene es que tanto el propio creador del producto audiovisual (el propio Abrams) como el que parece gobernar la situación, los movimientos y la vida de los protaginstas es como un Gran Hermano, un Dios artificial que juega con las emociones de sus protagonistas y de sus
espectadores. El hecho de que se apueste por poner la cámara a la altura de los ojos de cualquier personaje no sólo aumenta la sensación de suspense sino que adentra al espectador a vivir la misma angustia del personaje, a caer en las mismas redes de áquel que lo controla todo.
El inicio de Lost es todo un hallazgo brutal: Jack (Matthew Fox) despierta de su inconsciencia y descubrimos al mismo instante que él, la accidentada estampa de los supervivientes en la isla, pero respecto a esta utilización del punto de vista se lleva la palma Monstruoso: los movimientos de cámara pueden provocar mareos, náuseas o vértigo pero sin esa manera de planificar la película perdería el ápice que la hace tan interesante: su inteligencia de parecer que rompe con el molde de mostrar en el cine espectáculo todo el espacio de la narración dentro de un orden.
Estamos acostumbrados a que el cine de monstruos o el de catástrofes se nos muestre desde una ocularización (visión) que ordena el caos. Por ejemplo, en el abandono de la ciudad hacia los muelles en La Guerra de los Mundos (2005) Spielberg representa la confusíón y el desorden desde un modo de representación institucional, clásico, donde el espectador obtiene un espacio ordenado que le focaliza (le hace saber) de una manera amplia y clara esa situación confusa. Lo bueno de Monstruoso es que ese modo institucional se maquilla con una cámara subjetiva para dirigirse a un espectador cuya mirada se confunde con la del personaje –un espectador en campo-, desplegando así un espacio heterogéneo que aparece expropiado y contiene un fuerte componente de focalización (lo que sabemos) a medias. Es decir, por ejemplo, en la escena de la huida por el puente en Monstruoso se nos muestra el caos, pero no podemos comprender ni ordenar el campo de acción, el realizador no nos lo ordena y para el espectador resulta ser una sensación “fresca”, al mismo tiempo que una visión total de desconcierto e inquietud.
Por otra parte, hay que decir que la película es muy tramposa, pero juega con la trampa de un modo avispado. Utiliza los
distintos puntos de vista y diversos narradores de una manera muy espabilada (en Perdidos o Alias esta técnica narrativa está a la orden del día). Desde el primer segundo se nos hace saber que la cinta la ha hallado el ejército (narrador no dramatizado que se utiliza en aquellos momentos donde es necesario salir de la subjetividad); la grabación (narrador dramatizado que nos cuenta su propia historia) que apoya por sí misma la obviedad de que no se tiene, o no se puede, dar una explicación al acontecimiento; abarcando a ambos narradores el meganarrador (el propio director) y el sujeto de producción: tanto esa red de marketing viral de la promoción, como el modo de trabajar y crear de J.J. Abrams.
Le gusta crear algo a partir de la nada, tanteando al público: él suelta una historia en la red y deja que crezca, a ver que pasa, algo similar a buscar un trébol en el campo (Cloverfield: título original de Monstruoso y expresión que quiere sugerir esa sensación de hallar algo inexplicable).
Lost: el secreto mejor guardado
Actualmente, J.J. Abrams sigue concentrado en el tramo final de Perdidos (los millones de fans que arrastra la serie no le perdonarían un final sin explicación, ¿lo tendrá cerrado?), así como ha seguido tocando los palos que más domina con creaciones televisivas como Six Degrees (Seis grados de separación, 2006-2008) dónde ejerce las interrelaciones humanas desde su gusto por el drama edulcorado, y con Fringe (2008) un paso más en el género de la ciencia-ficción. Materia que ha renovado en la popular y legendaria serie de Star Trek; su visión apartada del fanatismo ha logrado una historia donde la tripulación del U.S.S. Enterprise se muestra mucho más cercana, humana y emocional.
J.J. Abrams sigue aumentando su currículum a velocidad explosiva y sólo el sabe dónde se halla su última frontera creativa…