
Por fin me ha llegado a mis manos el último trabajo de uno de mis grupos favoritos de los últimos años, My Dying Bride, con una espera de tres años desde su anterior disco “A Line of Deathless Kings” (2006) y con un directo sumamente cuidado incluyendo tanto material auditivo como visual “An Ode To Woe” (2008).
For Lies I Sire es el titulo de los nueve cortes que componen los sesenta minutos del nuevo trabajo de los Doomers ingleses. Trabajo que en líneas generales sigue el camino marcado de los últimos dos trabajos de estudio, descolgándose cada vez más del halo tenebroso para dar más matices románticos a toda la estructura de la obra.
Para alegría de los seguidores más acérrimos del grupo oriundo de Starfford podrán comprobar que vuelve uno de sus elementos clave de la etapa primigenia, el violín, por fin vuelven las melodías atormentadas de violín en sus temas, los cuales ha sido trabajados para exaltación del instrumento expresamente (solo hace falta escuchar My Body, a Funeral o Santuario Di Sangre).
Como contrapunto he de comentar que no ha salido un disco tan redondo como los anteriores. Sí, es dificultoso, como siempre es difícil escuchar por primera vez una obra de MDB, en esta ocasión, en la primera escucha, cierta desilusión invadió mi cuerpo al comprobar que dejan de lado los elementos más Death que tanto les ha caracterizado durante los veinte años de vida como grupo, sensación que poco a poco ha ido abandonándome cada vez que me pongo el disco.
Comentando lo que es el disco en sí, posee un inicio contundente en sus cuatro primeros temas, demostrando que son My Dying Bride,
el nuevo plástico de los británicos se desinfla en cada corte nuevo que va marcando el reproductor hasta llegar a los dos temas menos conseguidos del disco Shadowhaunt y Santuario Di Sangre. Para acabar con dos temas sorprendentes; A Chapter in Loathing, siendo el tema más Death que han grabado los últimos años (uno de los únicos momentos donde escucharemos a Aron cantar con voz gutural) y A Chapter In Loathing, tema que consigue transportarme a los tiempos de su mejor Doom/Death, algo similar me ocurrió con su anterior disco “A Line of Deathless King” cuyas dos últimas canciones las tarareo continuamente.
Por tanto estamos ante un nuevo trabajo continuista con las pautas marcadas en discos anteriores, donde lo intrigante, oscuro y más death deja paso a un ligero rayo de luz melancólica y romántica, gracias a la suavización de la voz de Aron (1968) y la eliminación de los pasajes más pesados de las guitarras rasgadas por Andrew Craighan (1970) y Hamish Glencros (1978) con una base rítmica totalmente nueva presentando al público a la bajista Lena Abé (1983) y Dan Mullis (1978). Incorporando de nuevo uno de los elementos diferenciadores del grupo, el violín, el cual no se escuchaba desde “Like Gods Of The Sun” (1996).
7,5/10