Se habla de recesión. Se habla de Vince Power, el que corta el bacalao en este nuevo FIB sin los Morán al mando. Recorte de presupuesto, ampliación de recinto. Menos abonos vendidos, similar nivel de color ‘pink pig’ en hombros, paletillas, frentes y empeines. Tetra-bricks de vino que desaparecen de los lineales del súper y acaban enterrados en primera línea de la playa del Torreón. Disfraces que hacen sudar hasta a los ojos cuando uno los mira, y otros que por no llevar, no llevan ni ropa interior.
Están algun@s de la old school que hace años renegaron de un festival que dicen que acabo cuando antes del cambio de siglo Sonic Youth, Pj Harvey, Jesus & Mary Chain, Primal Scream, Björk, Tortoise o Mogwai coincidieron en un mismo cartel. También cuentan, y mucho, los pareceres de las nuevas generaciones que hacen avanzar la line-up, abriendo nuevas fronteras.
Puede que el XVIº Festival Internacional de Benicàssim sea la edición bisagra donde por momentos el show parecía encontrarse en estado moribundo. Aunque por mucho que delante del mítico Escenario Verde nos topemos con la versión levantina del todopoderoso Festival de Glastonbury al observar atracciones de feria, la cosa es que parece que todo está cambiando para, al fin y al cabo, avanzar sin desdeñar gran parte de aquello que ha creado la marca FIB.
DJ Shadow puede con todo… Pero solo
Fionn Regan abre el Verde el viernes, la manta de calor aprieta tanto que es difícil no pensar que los atrevidos que se hallan guardando inútilmente sitio en primera fila sea porque dos horas y media después sale el líder de The Strokes al escenario. El escocés hace sus veces de un Dylan eminentemente poético que derrocha garra
en el atardecer más caluroso de este FIB. Por su parte, lo de Julian Casablancas, ese neoyorkino pintón que juega en solitario con sonoridad ochentera, resultó ser (aún no sé si afortunadamente o lamentablemente) un guiño socorridamente fácil hacia los fans que tan sólo necesitaban saciar la ausencia de unos Strokes a través de un buen puñado de hits de su banda. Vestía como si le hubiese robado el traje bermellón al Michael Jackson de ‘Thriller’ y su voz de pasado de Trankimazin, por una vez, no fue suficiente para lidiar con el calor y un sonido que se retorcía sin fulgores memorables por mucho que jugara al juego y el ratón con el público: creando suspense cuando decidía con sus músicos si contentar a las voces que le pedían Reptilia desde las comprimidas primeras filas. Complaciente, pero sin deshacerse en el escenario, abierto pero transmisor de un entusiasmo vacuo. Más disponible que nunca, pero fugaz y fácilmente olvidable. Menos mal, que antes de Casablancas, Triángulo de amor bizarro, supieron utilizar los decibelios para algo más que recordar al mejor shoegaze nacional. Entregados y, al mismo tiempo, contundentes, afilados y turbadores. El neoyorkino fue un oasis desafortunado entre los gallegos y unos Hot Chip, que sin realizar un directo memorable si que hay que agradecerles una impronta llena de hits del mejor electropop actual. Alexis Taylor y los suyos actuaron con mucho gancho y potencia, siendo melifluos cuando debían atemperar la concatenación de orgásmico y auténtico house y siendo festivos cuando el momento lo pedía.
Asimismo, los jovencísimos Vampire Weekend recordaron tan solo pisar el escenario al directo de Arctic Monkeys en 2007. Los de Ezra Koening comenzaron lanzando bombas vibrantes, instantáneas, con una armonía tal que hasta sonaban mejor que en el disco. Lástima que su directo coincidiera en parte con la performing del ‘Unknown Pleasures’ por parte del bajista de Joy División, Peter Hook. A los Vampire habrá tiempo de verlos mucho más en años venideros, la ocasión que nos iba a mostrar el de Manchester era más complicada de volver a disfrutarla. Es verdad que las expectativas de todos aquellos fans de este disco imperecedero de la banda de Ian Curtis podía dañar, frustar y decepcionar; por mucho que el sonido fuera más contundente de lo pensado y de que Hook se las ingenió para prodigar un buen tributo al mismo tiempo de añadir dosis de personalidad intransferible, la emoción no fue capaz de surgir como uno esperaba (imposibilidad de contentar a todos, quizás). Aunque escuchar ‘Disorder’ y como Hook se fue por la tangente y terminó con un ‘Love will tear us apart’, ausente en el Unknown Pleasures, pero más que necesario en ese directo, fueron instantes suficientes para recoger las bondades del renacimiento bastardo de esta joya de pop-rock oscuro.
Sin embargo, lo mejor de la noche, estaba por llegar. El californiano Josh Davis apareció ‘a su bola’ para cerrar un escenario Verde que mucho público fue desalojando. El ambiente era desangelado pero DJ Shadow seguía a lo suyo. Quién quiera que conecte conmigo, parecía ser su sine qua non. Con una ‘estrella de la muerte’ particular; introducido en una esfera y simulando un viaje audiovisual a lo más recóndito del planeta pop, se marcó una clase magistral de turntablism donde alternó material nuevo con clásicos atemporales. Sin respiro: la hora más corta de todo el FIB 2010. Eso fue hip-hop, dance, rock, trip-hop, y toda etiqueta musical que deseen añadir. Hipnótico, absorbente, festivo, profundo y provocador de connotaciones emocionales… ‘Building Steam With A Grain Of Salt’ o ‘Stem/Long Stem’ sonaron tan rotundas como hace más de una década, tan inquietantes como palpitantes. Da igual que gran parte del recinto estuviera vacío, los que estábamos allí no nos perdimos lo mejor del Festival.
PiL Vs. The Prodigy
Empezando con el rock desgarrado de The Cribs y la guitarra siempre portentosa del ex-Smiths, Johnny Marr, en Fiberfib; y continuando, en el mismo escenario, con la despedida como banda de The Sunday Drivers: hay que reconocer que sus directos son de una sonoridad fulgurosa y diáfana y un empacamiento musical de
pop-rock clásico notable. El grito de ‘Yo soy español’ se amoldó al ‘No os separéis’ y los toledanos se emocionaron y lograron una envidiable simbiosis con la gran marea de fans que los recogían bajo el escenario. Antes, en el Verde, The Specials nos confirmaron que el ska y el 2 Tone son éxito rotundo en un festival donde hace unos años, Madness, también lo bordaron con parecidas credenciales. Y llegó PiL con un John Lydon en plena forma, el ‘Metal Box’ sonó tan magnético y narcótico que los temas eran espirales donde la atracción entre banda y público se deleitaba en un territorio fascinante de nocturnidad y rotundidad barbitúrica. ¿Eso era post-punk y lo de The Prodigy punk? Creo que el breakbeat de los de Essex no es que esté algo desfasado, sino que debía ser obligatorio estar entre la multitud que tomó el recinto del Verde, sudar, empujar y botar para sentir que el directo no era un show reiterativo y sorprendentemente aburrido si uno lo disfrutaba apartado de la muchedumbre. Mucha caña zapatillera, mucho parlamento del MC Maxim, mucho ‘fuck you’ pero pocos temas lograron trasvasar la línea de lo mínimamente memorable. Al menos, el FIB 2010 volvió a sentir lo que era un llenazo y se levantó de la siesta. La noche todavía nos dejó a unos Klaxons mejores en directo que en álbum y a unos The Japanese Popstars que nos trajeron desde Irlanda un dance con toques indies la mar de refrescante y enérgico: ellos solos revitalizaron tanto al personal dormido, como al reventado por los del ‘Smack my bitch up’. Así como, el DJ Phil Specktro fue de lo mejor de la entrañable y necesaria Carpa Pop (o Jack Daniels, como se denomina ahora).
Damon Albarn a lo grande
No cabe ni dudar de que la figura más anhelada por el FIB es David Bowie y viendo lo pachorrón que está últimamente el Duque Blanco, tener a un camaleón como el vocalista de Blur en el cartel resulta no ser tan descabellado para olvidar a aquellas grandes estrellas que parece que nunca se encontrarán en Benicàssim. Lo de Gorrillaz no sólo fue para celebrarlo a lo grande: su parafernalia orquestal y visual, con la presencia de entre
otros, el gran Bobby Womack en el escenario (y qué bien suena su ‘Across 110th Street’ en Jackie Brown) fue para mear y no tirar gota. Albarn canta cada vez mejor y su presencia hace pensar en los mejores y más cool frontmans y compositores de la actualidad. Antes, el FIB se había bautizado oficialmente en territorio rapero con Dizzee Rascal: uno de los momentazos del festival se lió con la rompepistas ‘Fix Up, Look Sharp’. Ecléctico y exótico, el inglés hizo olvidar la, un año más, ausencia de su paisana Lily Allen. Ellie Goulding la sustituyó en el Verde, y aunque puso tesón, daba la sensación de que nos encontrábamos en el Rock In Rio el día que Hannah Montana se hizo mayor de edad. Entre lo mejor del día final de festival, se merecen estar los daneses Efteklang (menudo atardecer estival, con el Fiberfib medio vacío y con síntomas de resaca general) y su minimalismo orgánico y electrónico, así como los festivos Two Door Cinema Club.
Acabamos la decimosexta edición del entrañable FIB con la sensación de que este festival no está moribundo sino en pleno proceso de desarrollo. Un renacimiento en plena época de resaca de festivales y de recesión económica que nos ayuda a no sembrar dudas a la hora de saber que Benicàssim volverá a estar en lo más alto del mapa festivalero en años venideros.