Título original: Star Wars: Episode VI -Return of the Jedi- / Año: 1983 / Nacionalidad: EE.UU. / Duración: 128 minutos / Género: Ciencia-ficción / Dirección: Richard Marquand / Guión: Lawrence Kasdan a partir del argumento de George Lucas / Produccón: Howard Kazanjian, George Lucas, Rick McCallum / Música: John Williams / Intérpretes: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Ian McDiarmin, Billy Dee Williams, Alec Guinness.
Sinopsis: Luke Skywalker ha regresado a Tatooine, su planeta de origen, para intentar rescatar a su amigo Han Solo de las garras del malvado Jabba el hutt. Pero ignora que el Imperio Galáctico ha comenzado en secreto la construcción de una nueva estación espacial armada, más poderosa que la temida Estrella de la Muerte. Una vez terminada, este arma suprema significará la aniquilación del pequeño grupo de rebeldes para restaurar la libertad en la galaxia.
Crítica
Aunque en 1983, año en el que se estrenó El retorno del Jedi, George Lucas sabía de sobras que este iba a ser el capítulo final de una saga compuesta por seis partes, el antetítulo de Star Wars: Episodio VI todavía no tenía tanto protagonismo como lo ha tenido en el siglo XXI con la completa realización del círculo.
Dirigida por el británico Richard Marquand, Lucas se centra en la producción y en el desarrollo del argumento dejando las dotes de guión a un Lawrence Kasdan que ya se había consolidado como uno de los nuevos valores en alza dentro de la industria hollywoodiense al elaborar los guiones de En busca del arca perdida (1980) y de El Imperio contraataca (1980) e introducirse en la dirección con Fuego en el cuerpo (1981).
La rumorología (tan proclive alrededor de estos productos de inconmesurable recorrido fanático) dice que en un primer momento esta tercera parte estrenada (sexta en cronología interna) se iba a subtitular La venganza del Jedi, pero Lucas terminó considerando la lógica interior de la propia religión que había creado y tomó la sensata postura de no introducir dentro del comportamiento de los samuráis de las galaxias el acto de la vendetta: un Jedi nunca busca la venganza. Su desarrollo inmanente provocó que 22 años más tarde el término venganza tomara protagonismo en el último estreno de la saga (tercer episodio dentro de la cronología), Star Wars: Episode III -La
venganza de los Sith-. Lo que conlleva a confirmar el concienciado efecto mediático y de coherencia argumental que Lucas ha practicado siempre; sólo es un pequeño detalle pero el autor californiano refleja con esta concienzuda labor de pulir la respuesta del espectador-fan desde la misma elección del título, que es un claro referente en cuanto a conocimiento de los mecanismos de la industria cinematográfica. Lucas no sólo supo adelantarse en su tiempo y creer en la, hoy día, evidente capacidad del propio cine para ramificarse y hermanarse con otros campos y crecer en culto popular y económico. La sábia consideración de Lucas de no querer nada del porcentaje recaudado de la taquillera La Guerra de las Galaxias en pro de quedarse con la patente de todo el merchandising de la saga habla por sí sola de su carácter visionario. Sólo hace falta un buen título (lleno de matices que conlleven emociones, inquietud y ansia por desear ver el producto) para crear expectación y saber que la obra ya empieza a hablarle a su público objetivo desde la propia marca y desde su propia presentación.
Cuestión de revisionar los clásicos

Ya desde su fundación en 1977, la saga galáctica no ha escondido en ningún momento su actitud revisionista y recicladora de seriales, mitología griega, céltica o japonesa, y en El retorno del Jedi es cuando más se observan estos collages populares.
Ya con el primer estreno (o cuarto episodio) se observó, por ejemplo, que Lucas se había empapado bien de la filmografía del japonés Akira Kurosawa. Y son muchos los que observamos que una película del nipón, La fortaleza escondida (Kakushi Toride no San-Akunin, 1958) ha aportado mucho a la lógica interna de la narrativa de la saga galáctica.
Una clara inspiración que, por momentos, Lucas parece haber calcado, más que homenajeado. El samurái que ayuda a la princesa, la pareja cómica que acompaña al héroe: en El retorno del Jedi C3PO y R2D2 (en la película japonesa son los codiciosos Tahei y Matakishi) toman protagonismo al abrir prácticamente ellos la continuación del coitus interruptus que logra ser el final de infarto de El Imperio contraataca; o el retorno al planeta Tatooine donde la fortaleza escondida de Jabba the Hutt parece inspirarse también en el paisaje desolado y rocoso del Japón del siglo XIV de la película de Kurosawa.
Y es que Lucas demuestra su regocijo como autor que recupera aquello que le ha gustado como niño, esa magia que le ha hecho hacer cine, incluso en los más mínimos detalles: las cortinillas barridas lateralmente que sirven como transición hacía la trama que simultáneamente se está desarrollando en otro escenario de la resolución de la saga, es otro claro ejemplo de recogida de obras de otros autores y subgéneros.
Cómo ya pasa en El Imperio contraataca, las tramas paralelas se trabajan desde la simultaneidad a partir de la resolución en grupo de un primer conflicto. Primero todos los protagonistas se unen para disipar un probelma y luego deben separarse para afrontar el verdadero conflicto de toda la saga. Aquí el primer obstáculo a solucionar pasa por el rescate de Han Solo (congelado en carbonita) y después por la toma de conciencia grupal de que cada uno debe afrontar su papel decisivo en la historia. Mientras Luke Skywalker va directo al meollo de la cuestión: su enfrentamiento-acercamiento hacia su progenitor (en el filo de caer hacia el Lado Oscuro o rescatar a éste de las garras del Imperio), el resto de los rebeldes deben desconectar el escudo de la nueva Estrella de la Muerte desde la luna de Endor; lo que resulta ser el primer acercamiento de Lucas hacia su vena más infantiloide y mercadotécnica. La aparición de esos osos de peluche tribales (los Ewoks) no sólo repercutió satisfactoriamente en las ventas de merchandising sino que lograron varios spin off cinematográficos como protagonistas, los cuales pasarón por las pantallas con más pena que gloria.
Toda la película está enfocada hacia el desenlace (la trilogía de Tolkien bien masticada: cada una de las tres partes tiene su aportación a la historia bien marcada – introducción, nudo y desenlace- ) y Lucas deja realmente clara su impronta de autor posmoderno. Inaugura con Star Wars la catarsis cinéfila y popular del creador que elabora su universo a partir de la revisitación al clásico y no sólo pone patas arriba todo el sistema hollywoodiense sino que termina siendo un reflejo de lo que se puede cocer en el futuro del cine.
Con El retorno del Jedi, puede que se cerrara y se concluyera hacia un final concreto, pero en el fondo el cine estaba aconteciendo a la confirmación de un tipo de cine futuro dónde los clásicos y los pioneros serían reciclados por el filtro del niño grande que derrocha imaginación y sello propio a partir de lo que ha mamado.
Obviamente, hoy día, los revisitados son los de la generación de George Lucas.
8/10