Son la banda indie más cool desde su debut homónimo en 2008. Destilan la vena más arty de Nueva York y abren el pop hacia territorios tan exóticos como el continente africano. Beats divertidos y festivos y melodías pop sensualmente traviesas que hacen de apuestas musicales como la que nos atiene, o la aplaudida de The Animal Collective, esa progresión experimental necesaria para que lo clásico vuelva a asomar retorciéndose en la vanguardia. Sin buscar el eslabón perdido que permita abrazar el futuro del pop como el Merriweather post pavilion del Colectivo, Contra, el segundo álbum de los neoyorkinos liderados por Ezra Koening, si que persigue una luminosa mirada hacia la fusión lúdica y evocadora de sensaciones transparentes y resplandecientes.
El álbum se abre con Horchata (esa bebida valenciana que ya consumían los egipcios) una sorpresa que atrapa desde su letra naïf , “In December drinking horchata…“, y de su capacidad para manejar lo fundamental (una voz que rompe en la mente del oyente aquello que le turba y le transporta hacia el concepto que la banda desea). Hasta Taxi cub, el quinto tema, las piezas se derriten en un molde tallado minuciosamente en luces mañaneras y sentimientos de aurora. Entonces estamos en el ecuador del álbum, y aparece Run con su síncope, sus secciones de viento pegadizas y sus vueltas de tuerca progresivas a lo largo de una canción de pop contemporáneo perfecta. Dan ganas que vuelva la primavera, de correr por la arena de la playa, bailar en festivales de verano, conducir durante un fin de semana soleado y concentrarse en ese momento inspirador: “She said, ‘You know,There’s no where left to go.’ But we have found. It struck me that the two of us could run“.
Cousins, su segundo single, golpea como si Alex Turner hubiera dejado los Arctic Monkeys y se desfondara en un bucle de ruido y fusión; algo que amortigua una desconcertante pero bonita y pegadiza Giving up the gun, lo que hace de la segunda mitad del disco una cara más atrevida y desafiante que cierra el crepúsculo iniciado con el amanecer evocado en la primera parte, a través de un tema con ínfulas a lo Smiths (Diplomat’s son) y una descriptiva toma final (I think ur a contra) de un paisaje emocional perdido en los confines de la sensibilidad made in la nueva luminosa existencia de los Sigur Rós.
8/10