Título original: Brief encounter / País: Inglaterra / Año: 1945 / Género: Drama, romance / Duración: 85 minutos / Director: David Lean / Guión: David Lean, Anthony Havelock-Allan y Noel Coward, basándose en la obra teatral de un acto (Still life) que forma parte de Tonight At Thirty-Eight de Noel Coward / Fotografía: Robert Krasker y B. Francke / Productora: Cineguild / Intérpretes: Celia Johnson, Ttrevor Howard, Stanley Holloway, Cyril Raymond, Joyce Carey, Valentine Dyall, Dennis Harkin.
Sinopsis: Laura está casada y tiene dos hijos, vive en un suburbio pero todos los jueves coge el tren para pasar el día en el centro de la ciudad y realizar las compras de la semana. En el andén encuentra a Harry, médico casado y padre de família. A partir de este momento, una serie de breves encuentros llegarán a desembocar en una pasión imposible.
Crítica
Si hay algún dueto en creación cinematográfico que haya conseguido arte escénico con lupa psicológica en los personajes es el formado por David Lean y Noel Coward. Un tándem donde el primero era capaz de introspeccionar en las múltiples capas sociales y en sus respectivas mentes con la ayuda de un darmaturgo, el segundo, todo terreno que se las veía con el teatro y con el cine con la misma facilidad que un enfermo por la vida y las relaciones humanas que busca con deseo su panacea vital.
Co-dirigiendo Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve, 1942), donde Coward, además, se encargó de la escritura del guión y de la composición musical, hallamos una obra maestra ambientada en la Segunda Guerra Mundial que dio lugar al debut cinematográfico de Celia Johnson, Richard Attenborough, Daniel Massey y Juliet Mills. Dos años más tarde, con La vida manda ( This happy breed, 1944), otra adaptación de una obra dramática de Coward, Celia Johnson repetía protagonista con David Lean y compartía reparto con John Mills; ya en la siguiente temporada, una deliciosa adaptación de una comedia de fantasía de Coward dio lugar a El espíritu burlón (Blithe Spirit, 1945), mismo año en el que se realizó Breve encuentro. Al final de la década de los 40, Lean se atrevió a llevar a las pantallas dos grandes clásicos de la literatura inglesa, logrando la adaptación dickensiana por excelencia del cine: Grandes esperanzas (Great expectations, 1946) y Oliver Twist (1948). A lo largo de los años, Lean pasaría de las obras íntimas y de cámara a las grandes superproducciones, pero a pesar del reconocimiento hacia sus obras magnas no esta de más hacer hincapié en esta obra íntima, de calor autoral e inmortal que nos ha llevado a esta crítica.
Breve encuentro es una pequeña obra maestra que uno nunca se cansa de ver; un precioso melodrama romántico nada sentimentaloide y sobriamente realizado por todos los campos, donde los dos protagonistas principales (Celia
Johnson y Trevor Howard) realizan una interpretación magistral, sobre todo ella, que dada la planificación de Lean, hay momentos en los que el espectador parece toparse ante los primeros planos del cine expresionista silente sin dotar a estos de gestualidad exagerda y totalmente absorbente por los ojos; tal y como se observa en la escena que causa el encuentro entre ambos amantes: una escena de artesanía narrativa y belleza exquisita, como la mayoría de las imágenes de toda la película, lo que hace de Breve encuentro puro cine, y no en un mero espacio escénico de los personajes que hubiera podido caer en el fácil traslado de la obra teatral de Coward en la función filmada.
Hallando una atmósfera de hieratismo clásico, y vista por los ojos de espectadores con distancia temporal de aquella época, la película resulta clásica, de solemne estética y tratamiento de cine negro o de dramas de metafísica vagabunda, de la propia calle, como las primeras películas de Marcel Carné, El muelle de la niebla (Quai des brûmes, 1938) por ejemplo, donde el destino, las vidas cruzadas en un fugaz instante y bajo la impotencia del deseo y la pasión conllevan relaciones de sagrada eternidad. Ya que en ella se tratan temas que acercan a la historia a la atemporalidad, despertando medio siglo después con las mismas sentencias morales. El despertar al conocimiento del amor fuera de la institución matrimonial tras la venda del puritanismo social: el chismorreo de la calle y el intuitivo impulso de intromisión en la constante necesidad humana de comunicarse, aunque sólo sea para escucharse a uno mismo.
Un ejemplo lo hallamos en la secuencia inicial: momento cumbre de la despedida, dónde sin tener el espeactador la i
nformación suficiente sobre lo que ocurre en plano, se antepone un clima de angustiosa y violenta situación donde un personaje secundario inmiscuye dosis de amargura. A partir de aquí, se nos presenta el personaje principal femenino, distanciada de su partenaire y de regreso a casa, donde como cualquier Nora Helmer (‘Casa de muñecas’ de Henrik Ibsen, 1879) se enfrenta al dilema de confesión de un secreto mal concebido por la sociedad. Sentada en el sofá ante la parsimonia de felicidad que congrega a su marido completando el cucigrama, Laura evoca la relación que le ha llenado de miedos y demonios, a través de una catarsis propiciada, en parte, por el ‘Segundo concierto para piano‘ y orquesta de Rachmaninoff, utilizado eficazmente como banda sonora.
La narración en flashback, acentuada en momentos por la nostágica angustia de la voz en off, lleva a cabo un procedimiento de circunstancia irreverente: pecado involuntario y culpa pegada a la desnudez de los protagonistas; algo así como las aparentes simplezas ocurridas en una fábula oriental o en un recuerdo imborrable que actúa con belleza y melancolía en lo formal y en lo psíquico dentro de un cuento visual de Kenji Mizoguchi.
Poco después de Breve encuentro, Lean realizó una película de culto: Locuras de verano (Summertime, 1955) donde el gran hacer interpretativo de Katherine Hepburn hace recordar por momentos el trabajo expresivo de Celia
Johnson; así como la posterior fase autoral del director británico: superproducciones excelsas como El puente sobre el río Kwai (1957), Lawrence de Arabia (1962) o Doctor Zhivago (1965). Sin embargo, Breve encuentro sirvió de inspiración a muchas historias posteriores, desde la elocuentemente dura y menos bella Estación Termini (Vittorio de Sica, 1953) hasta la magistral manufactura de Wong Kar- Wai en Deseando amar (In the mood for love, 2000). Y como en el final de esta última, donde Tony Leung susurra sus secretos pasioanles en las columnas de un templo ancestral como guardando ósculos prohibidos, Breve encuentro y los primeros trabajos de David Lean resultan de una poética tan íntima y sutil que el conocimiento, por parte del espectador, de un secreto tan trascendental como el de los personajes interpretados por Celia Johnson y Trevor Howard termina resultando el susurro de la fórmula mágica del tándem formado por David Lean y Noel Coward.
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