El hijo de Rambow (Son of Rambow, 2007 -estreno en españa 2009-)

sonoframbowcine-300aTítulo original: Son of Rambow / País: Reino Unido / Año: 2007 / Género: Comedia; Drama / Duración: 96 minutos / Dirección y guión: Garth Jennings / Música: Joby Talbot / Fotografía: Jess Hall / Montaje: Dominic Leung / Vestuario: Harriet Cawley / Reparto: Bill Milner, Will Poulter, Jules Sitruk, Charlie Thrift, Jessica Stevenson, Neil Dudgeon, Anna Wing, Tallulah Evans, Finola McMahon, Rachel Mureatroyd / Fecha de estreno en España: 09-01-2009

Sinopsis: La película hace un viaje nostálgico a los años 80, Son of Rambow es un inventivo homenaje a una época en la que, por primera vez en la historia, las mentes jóvenes tenían acceso a una tecnología que les permitía crear sus propias historias al mismo tiempo que rendir homenaje a su más grandes héroes y las películas que les inspiraron (un grupo de niños ingleses deciden recrear Acorralado).


Crítica

El hijo de Rambow es una de esas películas realizada por la generación que creció con un tipo de cine comercial muy peculiar, el de la década de los ochenta. Ya se había estrenado Tiburón (Steven Spielberg, 1975) o La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) y tenían que llegar En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981), El club de los cinco (John Hugues, 1984), El secreto de la pirámide (Barry Levinson, 1985), Los Goonies (Richard Donner, 1985), Regreso al futuro (1985) y varias decenas de títulos emblemáticos para una quinta que se vió reflejada en el alma de unos personajes que huían de la cotidianeidad de las zonas residenciales de la clase media, con la evasión proyectada hacía el más allá de la aventura fantasiosa.

Garth Jennings, director británico de 37 años, dirige su segunda película tras la adaptación de Guia del autoestopista galáctico (2005) tomando como paisaje físico y emocional los albores eighties con First Blood, o Acorralado, (Ted Kotcheff, 1982) insertado argumentalmente como MacGuffin cautivador y catalizador de emociones chocantes. Una família unida por fuertes lazos religiosos intenta capar a su primogénito de cualquier estímulo exterior venido del audiovisual y el mercado del ocio, hasta que involuntariamente se topa con una copia pirata (el screener ya se llevaba hace 20 años) de una de los títulos emblemáticos del Stallone más blockbuster. A partir de esa iniciación destroyer hacia la cultura de masas, el impúber abre su mente hacia un territorio de libertad imaginativa: el remake casero de Acorralado ya es pura anécdota argumental y atractivo para el tráiler promocional.

Lo que respira en El hijo de Rambow es la exaltación de la artesanía ingeniosa y la imperante necesidad de recuperar3078 la cercanía emocional de personajes y situaciones. Al igual que sucede en el último trabajo para cine de Michel Gondry, Rebobine por favor (2008), se realiza un viaje nostálgico, pero con sensible manifestación pro-analógica, a través de texturas, modos, mecanismos, obras y personajes referenciales asimilables por los nuevos valores en autoría cinematográfica como base fundamental de sus caligrafías personales.

Si ya en los mismos ochenta aparecieron realizadores que mimetizaban el sentir del cine comercial que habían estado mamando hasta hace poco y al que promovieron para la masa potencial de espectadores a la que ellos mismos habían pertenecido, estamos hablando de: Fred Dekker (El terror llama a su puerta, 1986 ó Una pandilla alucinante, 1987), Jonathan R. Betuel (Mi proyecto científico, 1985), Roland Emmerich (El secreto de Joey, 1985), o Robert Mandel, en 1987, con Una banda de dos, con la que El hijo de Rambow comparte mismo objeto catalizador de la amistad entre los dos protagonistas (una vuelta a las buddy-movies infantiles): el reloj de la figura paterna ausente como herencia y ejemplo de vida, o como reflejo del paso del tiempo visto desde el prisma de la infancia; más tarde, en los noventa, nuevas generaciones de autores mantenían una base fundamental de amamantamiento cinematográfico dónde destaca el segundo trabajo de M. Night Shyamalan, Los primeros amigos (1996). Y es que el director indio comparte con los protagonistas de la peli de Jennings (por lo 18736940comprobado en cada uno de los cortos que acompañan muchas ediciones de sus últimos trabajos comercializados en DVD) la facilidad para captar con una videocámara doméstica todas la fantasía que desborda estas mentes como continente de influencias de un cine comercial que no solía tratar al público infantil y juvenil con estultícia.

El hijo de Rambow es un muñeco de trapo cosido con la otoñal mirada de Shyamalan al agacharse a la altura de los ojos de un niño  y observar sus problemas para encontrar una amistad límpia y perdurable; con el dedal reforzado de sensiblerías baratas (el sentimiento bien entendido de la primera amistad en Cuenta conmigo -Rob Reiner, 1986-); el humor entre el slapstick de artilugios infantiles de andar por casa (más cerca de Sólo en casa que de esa producción francesa de 1989 traducida como Game Over -compartiendo niño disfrazado como Rambo-) y la extravagancia de la moda del momento (memorable el papel del personaje del alumno francés de intercambio, Didier, por patético y enternecedor) como radiografiada por el John Hughes más certero.

Mezclar a Rambo con una agrupación religiosa de restricciones tipo Amish y con The Cure muestra tener las ideas bien claras y como saber conjugarlas en su contexto original. El hijo de Rambow no desvela nuevas caligrafías visuales (aunque Jennings, al igual que Gondry, provenga del videoclip) pero si que repesca un sentimiento cinéfilo que aunque parezca demasiado reciente parece haberse convertido tras un par de generaciones de nuevos cineastas en una piedra básica como lo fue para otra generación el cine de Ford o Hawks.

Tan estimulante como mezclar Peta-Zetas con Coca-Cola y tan fresca como dar espadazos de madera vestido de pirata en medio del monte.

6/10

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