Air Doll (Hirokazu Koreeda, 2009)

Título original: Kûki ningyô / País: Japón / Año: 2009 / Duración: 125 min / Género: Drama, romance / Dirección: Hirokazu Kore-eda / Guión: Hirokazu Kore-eda; basado en el manga “La figura neumática de una chica” de Yoshiie Gouda / Producción: Masahiro Yasuda / Música: World’s End Girlfriend / Fotografía: Mark Lee Ping-bing / Montaje: Hirokazu Kore-eda / Diseño de producción: Yohei Taneda / Interpretación: Bae Du-na (muñeca hinchable), Arata (Junichi), Itao Itsuji (Hideo), Joe Odagiri (Sonoda), Sumiko Fuji (Chiyoko), Masaya Takahashi (Keiichi), Susumu Terajima (Todoroki), Kimiko Yo (Yoshiko), Ryo Iwamatsu (Samezu), Mari Hoshino (Miki) /Distribuidora: Golem / Estreno en España: 18 Junio 2010.

Sinopsis: Hideo, que vive solo, tiene una muñeca hinchable que de repente tiene un corazón. Todo es nuevo para ella en el mundo fuera de la casa de Hideo. Conoce a todo tipo de gente. El mundo está lleno de muchas cosas hermosas, pero todas las personas parecen estar tan vacías por dentro como ella misma. Por la mañana, se infla a sí misma y se va a dar un paseo. Conoce a Junichi, un vendedor, del que se enamora inmediatamente.

Crítica

Puede parecer que Hirokazu Koreeda sea un autor en ciernes, por mucho que “Nadie Sabe” o “Still Walking” sean películas que han hablado por sí solas, sobre el talento del japonés, para estimular el cansino presente respecto a temas tan manidos como la falta de comunicación o la voluntad humana para afrontar la pérdida. La cuestión es que trabaja como director de largos desde hace quince años y su mirada está, afortunadamente, lejos de su perfección, sí… Pero también hay que señalar que su obra no está atascada en sus orígenes.

Koreeda atraviesa itinerarios de sensibilidad y humanismo sin agotar su temática de fondo, arriesgándose con cautela y con convicción con cada nueva película. Ocurrió cuando pasó de Maboroshi no hikarien” a “After life”, y tan sólo eran sus dos primeras obras de ficción. Una ficción que tiene, a parte de otras cualidades, el fascinante vínculo entre lo popular y lo melancólico. Quizás, con “Air Doll” estas facciones de su cine estén menos latentes que nunca, ya que su adaptación del manga “La figura neumática de una chica” de Yoshiie Gouda nos explicita la manera de planificar y trabajar la puesta en escena de un director que, más allá de su clase para buscar la mirada sencilla que no para de fascinar, sí que se encierra en un tempo dilatado que tiene mucho que ver con la narrativa de la historieta y la animación japonesa.

Cuando hablamos de referencias populares no estamos señalando una vena autoral que bombea pop (ejemplo de Seijun Suzuki), sino más bien un asentamiento de su obra en territorio de fértiles mitos que residen en la memoria colectiva. En “Air Doll” es el mito del Golem vía el cuento de Pinocho, en un principio, con presentación desconcertantemente rápida. En menos de cinco minutos ya se nos ha contado todo el núcleo central que luego será desarrollado con actitud lírica y dilatación estética, aunque la sensación primera y última es que, en esta ocasión, el relato fluya entre minutos sobrantes.

Hombre de mediana edad. Parafilia sexual a través de una muñeca hinchable que no sólo está para ser fuente predominante de placer a través de la cópula, sino para intentar combatir la falta de compañía sentimental. Y un arranque de historia arriesgado y poco común en Koreeda, ya que se toma poco tiempo en ir al meollo de la cuestión, a él no le importa que la muñeca cobre vida repentinamente (es una excusa), ni que esa rapidez sea inquietante y obviamente siniestra: la sensibilidad de Pinocho mezclada con cierta dosis inquietante de la madre de todas los estados mentales psicóticos en el cine, esa película de Hitchcock que acaba de cumplir 50 años. Por pocos segundos, las cosas no parecen lo que van a ser: lirismo y pura languidez.

Cabe resaltar que la metáfora termina siendo obvia demasiado pronto, y facilona. El paisaje de desolación emocional que se va entretejiendo entre algunos personajes, no ya secundarios, sino casi con función de extras, cuya aparición parece más acorde al muestrario de estados anímicos en un videoclip antes que dentro de la narratividad de un largometraje, gira en torno a la falta de vida que muchos cuerpos vivos de la sociedad actual parecen sufrir. La falta de aliento, estímulo y las frustraciones continuas los van caracterizando. Pero sí en películas como “Chunking Express” (Wong Kar-Wai, 1994) esa multiplicidad recaía en tres o cuatro personajes, aquí los perfiles se multiplican en un espacio demasiado cerrado. Un riesgo que crea algo de confusión pero que está hecho con convicción lírica.

Una banda sonora omnipresente y de subrayado emocional (rasgo común en las películas de Koreeda) que tiene en los sonidos (el chirrío del latex, por ejemplo) un carácter poético enorme para formar parte del territorio de la sensibilidad a flor de piel, se tornan protagonistas de tales resoluciones. Estamos ante una película que luce sus imperfecciones y las sabe vincular con los aciertos. Sin ese riesgo no hablaríamos de ciertas bondades. Entre las cuales se encuentra aquella visión de la melancolía que escritores como Haruki Murakami han sabido reflejar de manera tan sistemática y que Koreeda ha sabido imprimir, a lo largo de diferentes películas, a personajes de diversa índole, sexo y edad. La búsqueda de una rutina sencilla para sentirse vivo dentro de esta sociedad globalizada, que con las necesidades artificiales que crea no tiende a sustituir la falta de humanidad.

Air Doll”, con esa muñeca hinchable insuflada en vida por Doona Bae, establece un nexo de comunicación interesante con la interpretación del dueño de esa otra muñeca hinchable del cine reciente, “Lars y una chica de verdad” (Craig Gillespie, 2007), por parte de Ryan Gosling, y nos habla de la muerte en vida y de un estado anímico tan lírico y doloroso como la languidez.

7/10

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