Vincere (Marco Bellocchio, 2009)

Título original: Vincere / País: Italia / Año: 2009 / Duración: 128 min /  Género: Drama / Dirección: Marco Bellocchio / Guión: Marco Bellocchio y Daniela Ceselli / Producción: Mario Gianani / Música: Carlo Crivelli / Fotografía: Daniele Ciprì / Montaje: Francesca Calvelli / Diseño de producción: Marco Dentici / Vestuario: Sergio Ballo / Interpretación: Filippo Timi (Benito Mussolini), Giovanna Mezzogiorno (Ida Dalser), Michela Cescon (Rachele), Fausto Russo Alesi (Riccardo Paicher), Pier Giorgio Bellocchio (Pietro), Corrado Invernizzi (doctor Cappelletti), Paolo Pierobon (Giulio), Bruno Cariello (juez), Francesca Picozza (Adelina) / Distribuidora: Vértigo Films / Estreno en España: 11 Junio 2010.

Sinopsis: Hay un secreto en la vida de Mussolini: una mujer y un hijo, reconocido al nacer y después repudiado. El secreto tiene un nombre: Ida Dalser. Es una página oscura en la Historia, ignorada en la biografía oficial del Duce. Cuando Ida conoce a Mussolini en Milán, él es el editor de Avanti y un ferviente socialista que pretende guiar a las masas a través de un futuro anticlerical, antimonárquico y socialmente emancipado. Ida ya tuvo un breve encuentro con él en Trento y quedó pasmada. Ida verdaderamente piensa en él y en sus ideas: Mussolini es su héroe.

Crítica

Lo que está aconteciendo en la cinematografía italiana, a través de una escueta vereda, pero transitada con férreas pisadas, se asemeja a un dislocamiento de la agresividad futurista de principios del siglo XX, que se toma el pulso vehemente de aquella a través de contención convergente en el punto clave de la expresividad. No es que haya muchos casos que hagan pensar en un nuevo movimiento cinematográfico que pueda tumbar el anquilosamiento socio-político del país, pero sí que hemos visto desfilar por las pantallas, en los últimos dos años, suficientes muestras de contención agresiva sobre la idiosincrasia contemporánea de Italia, a través de un pulso narrativo con una gran tensión formal y de fondo.

Marco Bellocchio, dado a no contenerse desde esa expresividad, ha hallado su tensión en el vigor de una historia tan fascinante como desoladora: la supuesta existencia de una amante de Benito Mussolini, Ida Dalser, en los apartados que más descolocan en la biografía de su juventud pre-Duce. Su paso del PSI al fascismo son relatados en Vincere desde la fantasmal existencia del coraggio delle donne que le hizo multiplicar su rotundidad como líder y que acabó abandonando como un residuo del pasado.

La película centra su atención en la capacidad del poder para desubicar a todo un país, metérselo en el bolsillo y hacerle tragar cualquier impostura, pero desde la minúscula atalaya de los ojos de una mujer que ve como su amor loco por el joven Mussolini, palpándolo en su cama, impregnándose de su sexo y de su contundencia masculina, muta en un cuerpo inexistente, en un ser que ya sólo conoce de oídas, a través de la propaganda y las mentiras del pueblo. Bellocchio enfurece como narrador omnipresente a través de recursos virtuosos que, esta vez sí, funcionan con vigor para trasladar esa ficción hacia retazos documentales. Ya no existe el actor, de repente Mussolini es el verdadero Duce. La ficción atrapa a la Historia y como en algunos casos excepcionales de la última hornada de premiadas obras italianas, la tensión narrativa se toma un pulso con el pasado reciente. Se crea una gran tensión narrativa, pulida en formas arriesgadas en completa comunión con la reticular del relato.

La focalización está constituida por un tejido conectivo fibroso que se ordena en forma compacta para el espectador dando resistencia y elasticidad a la trama. Tragedia latente, puntos de fuga que son domesticados bajo su aparente agresividad, contención y pulso tenso. Il Divo (Paolo Sorrentino, 2008) inquietaba desde esa tensión formal tan cercana al terror como a la novela gráfica, Gomorra (Matteo Garrone, 2008) entretejía esa tensión narrativa desde la multiplicidad de relatos convergentes, Vincere parte de la fuerza, la energía y la bofetada de Marinetti para aguantar el tipo, soltar esa temeridad a cuenta gotas y tornar en ópera mínima, íntima, difuminada. La máquina, la velocidad y la técnica en exaltación de la violencia fascista tomadas, a diferencia del manifiesto futurista, con sintaxis y puntuación. El cine italiano volviendo a recuperar una tensión formal, que dialoga con la Historia Contemporánea desde el control cerebral de las emociones.

8/10

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