El segundo disco de los canadienses Crystal Castles se llama como el primero, pero acompañado del valor 2 en numeración romana, como si fuera el siguiente capítulo, el nuevo tomo, el segundo acto de la escena. ¿Continuista? Algo ¿Más de lo mismo? No tanto como parece.
La obra empieza a tomar conciencia de su fuerza, una tensión desarrollada a lo largo de catorce temas tomándose así mismos el pulso a través de diferentes relaciones. Las coordenadas no son tan sencillas como simulan y la complejidad que se establece de manera brusca entre las variables del dance, el electro y la 8-bit music se palpa en una curva de disociaciones y conexiones que se atraen y repelen por igual. La tensión radica en esos puntos.
La gráfica sensorial trazada, en su cercanía, se asemeja a una sección cortada por los ejes de la asimetría. Distorsiones, minimalismos, desgarros y susurros entre Alice Glass y los juguetitos de Ethan Kath que alcanzan regiones donde los encontronazos aseguran un estímulo primitivo. Hasta samplers de temas de Sigur Rós se amoldan a su juego viciado de matices.
Después de que con Celestica nos runrunean “As we fall into sequence and we’re eating our young”, Doe Deer machaca “Deathray deathray” y chiptunean con el sarcasmo emocional “Hold my head under water take a breath for the Father learn to love” en Baptism, la suerte ya está echada: te puedes convertir al hipnótico bucle de espirales sonoras, a pesar de que tu vecina sufra la peor siesta desde que tu primo mayor ponía el volumen en el espacio exterior cuando jugaba al Space Invaders durante las sobremesas de los 80.
Sintetizadores, flequillos desgañitados, chaquetas de cuero, rítmica de videojuego, sudadera con capucha… Todo ello continua, pero el electro punk se lo dejan a otros compañeros que brillan con apuestas en 8-bit como los franceses Kap Bambino. Crystal Castles van por el segundo acto, un paso más allá del salvajismo y las bases adictivas básicas, y la obra empieza a tomar un cariz donde lo siniestro y lo lúdico se focalizan en el plano de la elipsis violenta, oscura y rasgada de la languidez.