Canino (Giorgos Lanthimos, 2009)

Título original: KynodontasPaís: Grecia /Año: 2009 / Duración: 94 min /Género: Drama, comedia negra / Dirección: Yorgos Lanthimos /Guión: Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou / Producción: Yorgos Tsourgiannis /Fotografía: Thimios Bakatakis /Montaje: Yorgos Mavropsaridis /Dirección artística: Elli Papageorgakopoulou /Vestuario: Elli Papageorgakopoulou/ Interpretación: Christos Stergioglou (padre), Michele Valley (madre), Aggeliki Papoulia (hija mayor), Mary Tsoni (hija pequeña), Christos Passalis (hijo), Anna Kalaitzidou (Cristina) / Estreno en España: 14 Mayo 2010.

Sinopsis: Un padre, una madre y sus tres hijos viven a las afueras de una ciudad. Su casa está rodeada por un alto muro. Los niños nunca han salido de allí. Su educación, sus aficiones, sus diversiones, su aburrimiento, su estado físico… todo se ajusta al modelo impuesto por los padres, sin ninguna huella del mundo exterior.

Crítica

Hace un par de temporadas cinematográficas, recibimos la estimulante oferta de un cine italiano que volvía a renacer a través de férrea narrativa audiovisual y análisis crítico político-social. Il Divo (Paolo Sorrentino, 2008) y Gomorra (Mateo Garrone, 2008) radiografiaban una coyuntura histórica contemporánea huyendo de lo convencional; otra cinematografía europea, como la alemana, también ha estado en auge durante la primera década del nuevo siglo, a través de multiculturalidad trenzada en sus fotogramas (el cine de Fatih Akin, por ejemplo); y el Festival de Cannes sigue mostrando cada año memorables proyecciones europeas más allá del todopoderoso cine francés.

Nos llegó a principios de año la obra maestra de Michael Haneke, La cinta blanca, y ahora se estrena Canino, del joven cineasta griego Giorgos Lanthimos, él cual comparte con el director de Funny games ese cariz  por los juegos que pervierten a los protagonistas dentro de un bucle de violencia latente.

Canino es una película que más sorprenderá al espectador cuanto menos sepa éste de aquella. Aunque el leitmotiv de la trama ya haya sido utilizada por otros cineastas: una familia encerrada en su minúscula atalaya, cuyos progenitores educan a sus hijos en una burbuja, ‘protegiéndoles’ de la civilización exterior hasta cotas altamente severas y plagadas de límites. Recordemos el microcosmos creado por los protagonistas de El bosque (M. Night Nyamalan, 2004), los de El castillo de la pureza (Arturo Ripstein, 1973), o la familia del búnker antinuclear en Buscando a Eva (Hugh Wilson, 1999).

Sin embargo, lo realmente fresco en Canino radica más bien en su continuo balanceo entre lo siniestro y lo surrealista, en su camino por el filo que separa el horror y el humor. No sería nada aventurado tildar la película de comedia macabra, porque el fino sentido del ritmo, la focalización (lo que el espectador sabe) y la ocularización (lo que ve) va a verter sobre una continua demostración de la lógica interna que estructura la educación inventada de esos padres para con sus hijos.

La psicología evolutiva de Piaget se pierde por el camino y ello da lugar a retazos de vida que provocan en el espectador inquietud, curiosidad y hasta hilarantes momentos, por ejemplo, los momentos donde el espectador es testigo de las bruscas mutaciones del significado de las palabras: la respuesta surrealista de unos padres sin complejos para mentir y tergiversar la realidad que se les muestra a sus hijos; ante la curiosidad propia de una infancia, mostrada en cuerpos de unos hijos más desarrollados físicamente de lo que demuestran sus escasos razonamientos..

De todo ello surgen brotes de surrealismo, malestar, metáforas de un miedo exagerado hacia el exterior, simbolismo sutil a pequeña escala de todos aquellos vicios, anhelos, frustraciones, defectos y sueños de la sociedad, en general, y del ser humano en particular: pulsiones que provocan un despertar sexual en los tres hijos postadolescentes donde no existen tabúes, pero sí obligación y transacción de cuerpo y carne.

La principal virtud de la película radica en la utilización del fuera de campo y los planos cortos, de aquello que se nos sugiere o se nos oculta, y que da lugar a la posibilidad de diversos niveles de lectura de aquello que se nos narra; como decíamos anteriormente, algunas interpretaciones más simbólicas que otras.

Quizás se echa en falta más atrevimiento a la hora de seguir sin mostrar y sin aclarar diversas cuestiones vitales de esta singular familia, pero de esa postura deriva el mayor atractivo de Canino: su imperfección y la seguridad con la que Lanthimos pasa de un registro a otro, sin miedo de destilar humor por los poros de su criatura. Otro nacimiento para recordar, de aquellas cinematografías europeas que ya considerábamos fatigadas.

8/10

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