Si me llegan a decir hace un año que iba a entusiasmarme con The Horrors, hubiera sido el primero en soltar la carcajada. El debut a principios de 2007 de estos británicos (Strange House) con intenciones de apuntarse al revival del post-punk y los sonidos oscuros me dio por sospechar de ellos inmediatamente y ni siquiera su guarro, y pleno de guiños, single Sheena is a parasite me hizo pensar lo contrario: para mí la banda despachaba molduras de hype en el sentido más negativo del término.
Sin embargo, fuentes desde Inglaterra apostaban por la inteligencia y la cultura musical que manejaban sus miembros frente a la imagen de prefabricación de la que se les criticaba: tiempo al tiempo afirmaban. Pues tengo que reconocer que esa gente parecia tener bastante razón, The Horrors maduran un segundo álbum lleno de solvencia y férreos matices que desprenden un saber hacer y una actitud que apunta energía y sensatez. Con Primary Colours se despegan de la locura de mocosos a la que parecían haberse adscrito en su origen y se ponen a la cabeza del revival pro-Joy Division que tantas líneas ha hecho escribir a la prensa musical en la última década.
Es verdad, que uno ya está un poco harto de que salgan bandas apuntándose a esta estela, qué resulta cansino aunque sea un palo musical al que siempre estemos dispuestos a acudir, pero lo cierto es que Faris Rotter y sus chicos han cultivado la sazón de una fruta envenenada que no deja de ser apetecible después de probar su adictiva toxicidad, crea dependencia y no estamos hablando de singles redondos y con pose comercial: no sé si será porque la producción ha caido en manos de Geof Barrow (Portishead), pero The Horrors se mutan en una Reina malvada de
cuento de hadas y Primary Colours resulta ser su ponzoñosa manzana que afecta directamente a nuestra molécula neuronal que activa la dependencia y controla las emociones.
Como ingenuas Blancanieves, estamos a merced de un vocalista que halla su territorio ideal entre Ian Curtis y Bernard Butler, ya que hay temas que parecen devolvernos a un territorio de brit-pop entablado entre sonidos de mazmorra. En Do you remember parece como si Suede se hayan ido a grabar a Transilvania y con el single Sea within a sea los Banshees aparecen en el horizonte.
The Horrors no parecen tan fríos como Interpol, ni se despegan de su siniestralidad para dirigirse a la luz como Editors, son sugerentes como The National y se acercan a The Jesus and Mary Chain (I only think of you o I can’t control myself ) desde lo auténticamente siniestro, así como a un extraño shoegazing que apela al descaro más que al ensimismamiento.
Vuelven con un trabajo conciso (de diez temas) y aunque arañen muchas influencias dejan un poso genuino y siguen jugando con las letras y los títulos de las canciones: ¿a qué os recuerdan palabras como control, decades, age,…? Primary Colours parece ensamblar su definitivo universo sónico, aquel que ha cerrado muchas bocas y ha logrado que los tengamos muy en cuenta.
8/10