WATCHMEN (Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins. 1986-1987)

amoore1Los británicos Alan Moore y Dave Gibbons sabían en 1986, o al menos algo interior les hacía pensar, que estaban manipulando un cómic que no tenía más límites que los que escritor y dibujante se iban a poner como cima. Era el momento cumbre en el que ambos pudieron dar rienda suelta a unas técnicas narrativas y un trasfondo que los podía dejar no sólo satisfechos, sino saciados o más bien con la posibilidad de vomitar hasta quedarse absolutamente vacíos de creatividad. Watchmen nació por entregas pero su consistencia original tenía tanta robustez como la dureza que terminaron dando las tapas que lo encuadernaron como una novela magna: un vendaval de posmodernismo emparentable a la solidez de El Quijote, Fausto o Moby Dick por citar referentes literarios que han brillado por su monstruosa construcción. Pueden resultar siendo comentarios baratos pero también hay que reconocer, que la pretenciosidad de tal proyecto también deja sitio al guiño hacia el simple afán por la grata evasión del arte, rezumando sabor añejo y bien curado: La isla del tesoro, o la obra de Julio Verne por citar sólo alguno de sus elementos de collage interior.

Nos topamos ante la historia de un grupo de personas que atraviesan el recorrido vital, social, político y económico de la segunda mitad del siglo XX a través de justicia poética, y hasta corrupta, buscando la leyenda, la inmortalidad o la búsqueda de la eternidad del auténtico estado del bienestar, proponiendo al lector una historia de superhéroes dónde no existen los superhéroes (y si hay UNO: el Dr. Manhattan, su inocuo sentimiento lo hace distante), una aventura dónde hay más raciocinio que emoción y unas tramas que llevan a la tragedia más que al happy end.

La Historia alternativa

El mayor logro/acierto de Watchmen como obra es su capacidad de combatir el paso del tiempo aún a pesar de hablar de coyunturas sociales y políticas muy concretas. El final de la guerra fría, el miedo hacia laalan_moore2 carrera nuclear, las potencias Este/Occidente enfrentadas que sustentaron gran parte de la literatura o el cine de los 70-80 parecen hoy día observaciones anecdóticas de un pasado que no cuadra con la coyuntura actual ni la que se presupone en un futuro. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero Alan Moore logra alcanzar la atemporalidad sustentándose sobre previsiones en torno a esos temas ya pasados. Todavía hoy, dos décadas después, esos elementos dramáticos mantienen su fuerza gracias a una estructura tangencial que atraviesa toda la segunda mitad del siglo XX: atisbos en la trama de un proceso continuo y generacional que va acumulando datos de diversas épocas, incluso de otros siglos, y que conforma un todo que no llega a fijarse con demasiada fuerza en la guerra de las galaxias Nixoniana (y no Reaganiana) ampliando sus miras a lo largo de la historia contemporánea de la sociedad en la que se centra: un occidente creador de mitos que persigue la idea de agilizar la visión de un futuro que no se dejará manipular. Y es que sus autores, continuando con la norma no escrita de las mejores historietas gráficas, maman de la propia realidad para crear un mundo hérmetico que vive paralelo a nuestra memoria colectiva.

dr-manhattan-3Lo mejor de todo es que este presente alternativo datado a mediados de los 80, dónde Richard Nixon todavía sigue en el poder y la Guerra del Vietnam tuvo otro final diferente al ocurrido realmente, es fruto de los acontecimientos acaerrados por la causa-efecto de los propios actos de sus protagonistas. La carrera nuclear de las dos potencias mundiales (EE.UU. y la U.R.S.S.) provoca que uno de los románticos encapuchados que viven para Vigilar al ciudadano tenga un accidente y se convierta en un ser con capacidades sobrenaturales. Será utilizado como arma contra la potencia enemiga y se ganará no sólo la contienda en suelo vietnamita sino que provocará daños colaterales que harán que Nixon se salve de ser quemado en la hoguera de los mass media por el affaire Watergate. De todas formas, Moore y Gibbons no tratan al Dr. Manhattan (antes el científico Jon Osterman) como a un superhéroe justiciero, sino más bien como un tratado en sí mismo sobre el superhombre nietzscheano con todo lo que puede provocar tal acercamiento al mundo del superhéroe de historieta gráfica.

Nietzsche, Einstein e Hiroshima

Individualismo frente a comunidad, posmodernismo y nihilismo compulsivo son líneas que atraviesan el relato. Una estructura compleja obligada a tejer el propio individualismo de sus protagonistas. No hay comunidad, no estamos hablando de una liga de la justicia superheroica sino de enmascarados que se apartan de la sociedad pero fundan su propio grupo. Si en lo formal coexisten varias tramas paralelas dentro del relato, en el fondo se habla de la soledad del ser, del abandono de la utopía humana como faro que alumbra eldr-manhattan_l porvenir, la ilusión y la esperanza. Ya no hay fe por los valores tradicionales y cada personaje se siente cada vez más solo, pero convive dentro de una red donde tiene semejantes en la misma situación que se van entretejiendo en pro de una causa o de una consecuencia, según el afán justiciero o el resquemor por el abandono social.

La muerte se alza como catalizador de todo el relato, un asesinato inicia toda la trama principal y la eterna persecución por averiguar el misterio de la vida y la victoria humana sobre la muerte termina siendo el elemento que llega a unir a los protagonistas, el sino de todo superhéroe: la melancolía que otorga el don de la inmortalidad y la angustia que conlleva la mortalidad que en este caso también es la del propio héroe (sin poderes sobrenaturales).

Si antes decíamos que la aventura en Watchmen es más racional que emocional es debido a que fundamentalmente sus creadores beben de la filosofía nietzscheana: la necesidad de liberarse de aquello no percibido por los sentidos y aprender a sobrepasar los propios límites individuales sin supersticiones ante las religiones y la moral tradicional. Además de que ese viaje por la invalidez de lo suprasensible toma nota de la teoría cuántica, de Albert Einstein y del peligro inminente provocado por el propio hombre: una guerra nuclear que borre del mapa a la humanidad. Una segunda Hiroshima en pleno Nueva York.

Visionando el 11-S

La sociedad tiene miedo de un Apocalipsis latente en forma de armas nucleares y los Vigilantes se sienten amenazados por la serie de asesinatos que están eliminando al grupo. Por una parte están fuera de la comunidad, del grupo, de la sociedad, y están acostumbrados al anonimato y al individualismo, pero también sienten el mismo miedo que palpa la propia sociedad de la que huyen. Miedo a la muerte inminente, al exterminio global. Peligro de apocalipsis que borarría la vida del mapa manteniéndose paralelamente a la trama que provoca el extermínio particular de los propios Watchmen. Aunque en el fondo sea un círculo vicioso alimentado por unos y otros: la sociedad retira forzosamente watchmen_03a estos encapuchados (llega a odiarlos) y en su abandono personal la corrupción, los vicios y defectos de cada uno de ellos provoca su propio exterminio. Cuando tanto sociedad como justicieros se ven amenazados, sienten que se necesitan unos a otros, aunque posiblemente ya sea demasiado tarde.

Si por una parte, Moore y Gibbons toman referencias y pasajes reales de la Historia, el propio cómic será referente de la ciencia-ficción ciberpunk dónde los Wachowski y su Matrix tiene mucho que agradecer a la compleja mente creadora de Alan Moore y al tratamiento cinemático que Dave Gibbons le da a la viñeta. Si bien, lo más inquietante sería la postlectura que se puede sacar de una obra que parece adelantarse a los terribles acontecimientos que sacudieron el inicio del siglo XXI. El atentado sobre las Torres Gemelas parece estar resguardado en algún resquicio mental de la propia complejidad de la obra. Leída hoy día parece ser que el mensaje que alza sobre la manipulación de los mass media y el poder que tiene hoy día el marketing logra borrar las barreras de gobiernos y estados para que sus dirigentes puedan negociar abiertamente, pero también puedan jugar a la guerra. Moore, como buen ideólogo y practicante de la Magia del Caos, fuerza la razón del lector y provoca el esfuerzo por comprender cada una de las elipsis que se fuerzan en el relato así como la numerosa cantidad de información que se filtra en las tramas y que es complicado que se retengan con completa totalidad.

Se alcanza el tono asfixiante que va en aumento a medida que el tiempo de solución final se va agotando y el coloreado luminoso de John Higgins lo hace más inquietante si cabe. El relato fluye directo durante doce capítulos que van aumentando en condensación asfixiante de tramas. En ello cabe el pasado, el origen de los propio Watchmen y el carácter visionario de Jon/Dr. Manhattan, el único personaje con aura sobrenatural y al que se le puede otorgar auténtico perfil de superhéroe aunque pese sobre él la maldición de la vida eterna y el choque con los humanos.

¿Los tiempos siguen cambiando?

Todo junto dibuja un presente caótico, en pleno proceso de cambio. Como una canción de Dylan, el pasado ejerce de elemento catalizador de acontecimientos que auguran un futuro dónde se vuelven a retomar los mismo éxitos y fracasos humanos y donde el presente es analizado como momento cumbre dónde la sociedad puede luchar por un cambio a mejor (o no), según elecciones. Es decir, parece ser que Moore si que eswatchmen-smiley consciente de los errores contínuos en los que cae el ser humano. Watchmen es una obra que presiona al consciente colectivo dirigiéndose directamente al corazón de la memoria, para terminar hurgando en el miedo.

Una de las principales tesis que se barajan es que el ser humano sólo reacciona cuando ya es demasiado tarde, cuando el peligro está presente. El Apocalipsis, el exterminio humano, sólo parece ser real y creíble cuando se enciende la alerta roja (nadie creía que el 11-S pudiera ocurrir). Entonces aparecen los miedos los arrepentimientos y es cuando el héroe debe actuar a contrarreloj. Había sido abandonado y rechazado: el sentimiento de culpa de la sociedad que lo había apartado hace que surja espontáneamente un reflejo de supervivencia para ayudar a la comunidad. La historia vuelve a repetirse.

Un final tan precipitado como un caudal de fuego surcando los lomos de un volcán, donde no hay dilatación temporal, solo simultaneidad y perviven tramas que el lector no parece digerir, tan sólo maduran en el subconsciente después de acabar la lectura. Se juega con la conexión directa entre tramas y las que parecen que se añadan para despistar (Los relatos de la Fragata Negra) terminan conllevando a que el lector haga un esfuerzo mayor, que no se le dé nada masticado, para que termine hallando su propio sentido razonado. Nada es nuevo, pero se nos muestra con distinto enfoque.

Vidas cruzadas

watchmenNo hay protagonista, el reparto coral hace que personajes que se crean importantes dentro de la trama vayan dejando paso a figuras de segundo y tercer plano que desde su anonimato parecen contener la misma notoriedad dentro del relato. La necesidad de narrar dentro de un espacio de tiempo múltiple hace que nazca desde una propia viñeta la condensación perfecta entre imagen y texto. La escena del presente dibujada y el bocadillo relatando un pasado (o viceversa). La metatextualidad, la interconexión y la simultaneidad son herramientas narrativas que han hecho de Moore y Gibbons autores a tener en cuenta, gracias a que han ayudado a indagar dentro de la propia narración clásica del cómic provocando su evolución.

En Watchmen se hace hincapié en la posibilidad de que la mente humana sea capaz de capturar una visión más amplia de la propia existencia. Ozymandias (Adrian Veidt), es un personaje clave; como un Capitán Nemo apartado de la sociedad pero manejándola desde su búnker: una multinacional de los mass media que hace brillar a la comunicación como herramienta que mueve el mundo, los sueños y la esperanza. La mentalidad este/oeste, el sacrifício, el objetivo kamikaze (matamos a unos cuantos por una buena causa) connota la eterna imposibilidad humana de alcanzar el bienestar supremo.

Ozymandias, tras los resquicios de los muros sociales, quiere alcanzar su Shangri-La personal y para ello opta por liquidar a quién se interponga por delante, contradiciéndose por ello en los propios principios que están promoviendo su causa: toda manifestación de vida merece respeto y por ello hay que salvaguardarla de cualquier peligro interior o exterior. Ello tendrá repercusiones sobre todo el entretejido social que se soporta.

¿Quién controló el límite creativo?

Rorschach, El Comediante, Espectro de Seda o Buho Nocturno se alzan como guardianes de un tiempo y undaveg1 espacio que comprende una realidad alternativa donde vigilan a una sociedad que termina por odiarlos. Alan Moore y Dave Gibbons sobredimensionan su época y la hacen supurar, como al Smiley con mancha de sangre ponen en jaque los símbolos contemporáneos para hacer volatilizar la razón y los prejuicios morales y sociales de nuestra época. Han tejido una obra magna pero imperfecta en sumo grado. De ahí proviene el mayor acierto y, al mismo tiempo, el mayor defecto de Watchmen. Lo mejor es su capacidad de asumir riesgos. Lo peor: su complejidad y su nube de acumulación de elementos provoca en el lector el mismo tipo de fatiga que podría sufrir el Dr. Manhattan, la indiferencia. Aún así, la obra madura en el subconsciente y siempre añade novedad de fondo y descubrimiento en sus formas a medida que suman las relecturas. Su aparente perfección no es más que un salto al vacío de sus creadores: brillante, virtuoso, genial, pero también aparatoso, pretencioso y denso, con perlas como su capítulo cinco: ‘Aterradora simetría’.

Parece ser que se tuvo vía libre de inventiva hasta lo impensable, pero quién vigilaba el límite de la capacidad del propio arte de la historieta gráfica para almacenar potablemente tal creación. ¿Quíen vigila a los vigilantes?

Quis custodiet ipsos custodes

- Sátira, Juvenal, VI, 347

9/10


Sobre el autor