El curioso caso de Benjamin Button (2008)

3262923759Título original: The Curious Case of  Benjamin Button / País: USA / Año: 2008 / Duración: 167 minutos /Género: Melodrama, romance, fantástico / Dirección: David Fincher / Guión: Erich Roth sobre el relato de F. Scott Fitzgerald  / Fotografía / Claudio Miranda / Música: Alexandre Desplat /Producción: Ceán Chaffin, Kathleen Kennedy, Frank Marshall, Jim Davidson, Marykay Powell / Montaje: Kirk Baxter, Angus Wall /Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Tilda Swinton, Julia Ormond, Elias Koteas, Jared Harris, Taraji P. Henson / Fecha de estreno en España: 6 de febrero de 2009.

Sinopsis: “Nací en circunstancias inusuales“. Con estas palabras comienza El curioso caso de Benjamin Button, una adaptación de la historia de los años 20 del siglo pasado escrita por F.Scott Fitzgerald y que trata de un hombre que nace con ochenta años y va rejuveneciendo con el tiempo: un hombre que, como cualquiera de nosotros, no puede parar el tiempo. Desde la Nueva Orleans de finales de la I Guerra Mundial hasta el siglo XXI, en un viaje tan inusual como la vida de cualquier hombre, esta película cuenta la gran historia de un hombre no tan ordinario y la gente que va conociendo por el camino, los amores que encuentra y que pierde, las alegrías de la vida y la tristeza de la muerte, y que perduran más allá del tiempo.

Crítica

Si aquel que creía que el estreno del año que más kleenex iba a hacer sacar al espectador concernía al regreso a la pantalla grande de Baz Lurhmann con su Australia, no se podrá imaginar que l’enfant terrible del cine norteamericano de los últimos quince años, David Fincher, trace su hipotética vía de autor postmoderno por excelencia a través del melodrama clásico. Ya nos lo insinuó hace un par de años con esa obra magna que resultó ser Zodiac: la muestra de un baldío intento humano de capturar el paso del tiempo, los entresijos del destino de la sociedad y la recogida y ordenamiento de la mayor información posible sobre el misterio de los acontecimientos.

En El curioso caso de Benjamin Button no hay datos, ni hipótesis científicas, Fincher se salta los mecanismos de la razón y logra que al espectador no le cueste entrar en el relato y viva las emociones de los personajes apelando a la estructura de la fábula narrada por el cuentacuentos. Si hubo un tiempo en el que el lugar más privilegiado dentro de un grupo o comunidad, era el reservado al lado de la hoguera o de la chimenea para el narrador de historias, el realizador de Seven (1995) se lo otorga a la hija de una anciana moribunda, en el calor deprimente de la habitación de un hospital resguardada de las inclemencias de la naturaleza: el Nueva Orleans pre-huracán Katrina.

Hay dolor desde el inicio y se juega con la multiplicidad de puntos de vistas, el espectador va conociendo la historia al mismo tiempo que el personaje interpretado por Julia Ormond (una hija que narra a su madre el diario de su gran amor) dejando paso a la primera persona del relato: Benjamin Button. Hay postales, recortes de periódico, fotografías, apuntes a pie de página que forman un collage sentimental, pero no hay datos que hagan recurrir a un reportaje periodístico en busca de una solución final. Sólo se avanza a través de la mirada de ese protagonista absoluto que curious-case-benjamin-buttonpone nombre y apellido al título de la película. Da igual que nazca con aspecto de octogenario, porqué los ojos de Brad Pitt alumbran la edad infantil, el descubrimiento del primer amor y la aventura personal al conocer mundo. Cuando pasan los años y Button va rejuveneciendo estremece observar la mirada de la experiencia vivida en el cuerpo de un adolescente que casi se está convirtiendo en un niño. Una muerte que va al contrario o una vida que comienza con el rechazo (ese padre que abandona a un bebé plagado de arrugas y surcos de paso del tiempo en la piel) y que termina con el mayor amor y cuidado posible (un bebé en brazos del amor eterno): viaje con origen en la negación a la vida y con destino en la dulzura. Un tramo final que sacude las emociones y que dignifica toda una vida.

Fincher y Eric Roth (guionista que vuelve a caminar por los andenes que le dieron brillantes resultados con Forrest Gump -Robert Zemeckis, 1994-) agilizan enérgicamente la introducción y emotivamente el desenlace, explayándose en el nudo: dónde los dos protagonistas más cerca están de compartir mismas constantes vitales. Allí es dónde los autores se arriesgan al embriagar al espectador con numerosas postales románticas que pueden llegar a extasiar: no creo que Fincher se lo haya tomado tan en serio. En ese tramo de la película es cuando más se curious_case_of_benjamin_button_xl_02-film-bdespiertan los sentimientos de cada uno de los personajes que muestran los diversos puntos de vista conformantes del relato. Y por ello mismo, aparecen aquellas  escenas que, tanto la que lee el diario, o el espectador que está escuchando a la voz en off, imaginan y desean ver: amor, pasión, cuerpos semidesnudos deseándose, atardeceres y amaneceres en silenciosos abrazos. Fincher no ha plasmado más que aquello que Benjamin expresa poéticamente en su diario, la hija embelesada va imaginando al leer las líneas o el espectador/a desea observar arrebatadamente: un Brad Pitt mostrado por última vez en plena forma física de sex-symbol eterno (una especie de reconocimiento juguetón a aquel joven actor que cautivó tantos suspiros en una sala de cine durante la década de los noventa). Eso imaginan personajes y esperan espectadores expectantes, la recuperación de esos cuerpos y rostros perfectos como pulidos por la eternidad de la tragedia y, eso mismo, es lo que se nos da.

El melodrama clásico deconstruido y consciente de que nunca llegará a alcanzar ese mismo clasicismo. Una época del cine que no se puede recuperar, inabarcable a pesar de dilatar el metraje hasta cerca de tres horas, con intermedio incluido. Fincher es consciente de ello y en su discurso parece bromear con esa etiqueta de vuelta a los cánones de curious-case-of-benjamin-button1-brepresentación clásicos que se le están otorgando. Hay mucha metatextualidad que juega con dichos cánones y mecanismos para provocar en el Hollywood más auténtico aquello que sólo se alcanza con las películas bigger than life.

Con la misma melancólica estructura que podría tener cada una de las fiestas realizadas por el Gran Gastby, El curioso caso de Benjamin Button se basa libremente en un relato corto de F. Scott Fitzgerald y recoge un gran arsenal de técnicos de efectos visuales y maquillaje (gran protagonista extra-, o no tan extra-, diegético) para provocar un bombeo saludable entre la intimidad y la inmensidad del recorrido vital . Si con Zodiac, David Fincher parecía dilucidar Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976) en el extremo de la dilatación angustiante, con Benjamin Button juega con las dos vertientes de la obra de uno de los autores que mejor han sabido tratar tanto la interioridad como la monumentalidad: David Lean. La historia de amor entre Benjamin y Daisy (Cate Blanchett) podría proceder desde la dickensiana Cadenas rotas (David Lean, 1946) al magno romance de Doctor Zhivago (David Lean, 1965). Tan bonita y melancólica hasta decir basta.

8/10

Sobre el autor